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De lo que ocurre cuando no se tiene pajolera idea.

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“anarco” capitalismo no existe, el capitalismo no es “anarquismo”, el capitalismo tieme principio de autoridad : patrón, jefe….. , el capitalimo roba y explota a los trabjadores y trabajadoras por un salario, el capitalimo es esclavitud…

Ademas el capitalismo defiende al Estado como defiende: a la policia, a los militares, carceleros…

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De un tiempo a ésta parte se ven, principalmente por internet, una serie de símbolos asociados al comunismo libertario producto de la ignorancia de algunos militantes, tales símbolos combinan la A circulada propia del movimiento anarquista con la hoz y el martillo del bolchevismo, lo cual solo puede proceder del desconocimiento tanto del comunismo libertario, como del marxismo.
Un muestrario de los símbolos:

Éstos símbolos no corresponden al comunismo libertario (o anarcocomunismo), veamos por qué.
1-El Comunismo Libertario tiene como padre al poco conocido anarquista italiano Carlo Cafiero (1846-1892). En su obra Anarquía y Comunismo, escrita en 1880, realiza una revisión al colectivismo de Bakunin, alegando que la teoría del valor-trabajo (Se obtiene de la sociedad la parte proporcional a lo que se ha producido, con lo cual, los medios de producción son colectivos, pero lo producido es individual) produciría una sociedad desigual, con distinciones de clase (Entre habilidosos y torpes), algo indeseable para el anarquismo. Más tarde Piotr Kropotkin (1842-1921) conoció a Cafierto y maduró sus ideas. Publicando en 1892 La conquista del pan, obra clave que definiría el comunismo libertario, mostrando una sociedad basada en el principio de Necesidad (Lo producido se distribuye según la necesidad, siendo pues comunales tanto los medios de producción como los propios productos, con lo que se logra una sociedad totalmente igualitaria). El comunismo libertario se opone a la dictadura del proletariado propia del Marxismo como punto para llegar a la sociedad igualitaria, al igual que el resto del movimiento anarquista.

Es pues el comunismo libertario una rama del anarquismo, producto del pensamiento de anarquistas, y no una síntesis con la teoría marxista. De hecho, no incorpora nada de la teoría marxista, ya que ésta defiende el valor-trabajo y la existencia del dinero en las primeras fases del socialismo, algo que no es compartido con los comunistas libertarios.

2-El símbolo de la A circulada no fue utilizada por el movimiento anarquista hasta finales de la década de 1960. El símbolo de la hoz y el martillo empezó a ser utilizado por los bolcheviques (marxistas) rusos en 1917, simbolizando que la revolución unía a campesinos y obreros. Ambos símbolos son pues muy posteriores al nacimiento del comunismo libertario. Los símbolos que encontramos más arriba son producto de gente que, desconociendo los orígenes del comunismo libertario, pensando que se trataba de la síntesis de anarquismo y marxismo, han decidido crear un símbolo que representa una idea errónea.

3-El nombre de comunismo libertario no proviene de la síntesis, sino de la oposición, siendo denominado a menudo el marxismo por los anarquistas como “Comunismo Autoritario”.

4-Tampoco es la síntesis de comunismo y anarquismo la teoría conocida como Maxismo Libertario, ya que ésta teoría defiende la dictadura del proletariado, eso sí, dando menos importancia al partido y más a colectivos y consejos obreros, formando estructuras más libertarias(pero no antitautoritarias, como en el caso del anarquismo). Es por tanto el marxismo libertario una rama del marxismo que tampoco tiene nada que ver con el anarquismo.

De todo ésto se deduce que los símbolos antes visto son frutos del error y la ignorancia en cuanto a la teoría que se dice defender, o al menos, en cuanto al conocimiento sobre la historia de dicha teoría. Hay que evitar sacar las cosas de tiesto de ésta manera.

El Comunismo Libertario no tiene símbolos propios, si bien suele utilizar los símbolos clásicos del anarquismo (La bandera negra, la A circulada, la estrella negra), o del anarcosindicalismo (La iconografía rojinegra).

Noam Chomsky no es anarquista.

Noam Chomsky defiende a los Estatos y el capitalismo.

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Anarquista Errico Malatesta

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“Hay anarquistas que prevén y preconizan otras soluciones, otras formas futuras de organización social; sin embargo, ellos quieren, como nosotros, destruir el poder político y la propiedad individual: quieren, como nosotros, que la organización de las funciones sociales se haga espontáneamente, sin delegación de poder y sin gobiernos; como nosotros, quieren combatir a todo trance y sin tregua hasta la completa victoria; ellos son compañeros y hermanos nuestros. Aparte, pues, todo exclusivismo de escuela; entendámonos más bien sobre el camino y sobre los medios, y adelante.”

“Nosotros, por el contrario, no pretendemos poseer la verdad absoluta, creemos más bien en la verdad social; la mejor forma de convivencia social no es algo fijo, válido para todos los tiempos y para todos los lugares, algo que pueda determinarse con anticipación, sino algo que, una vez asegurada la libertad, se va descubriendo y llevando gradualmente a la practica con los menores roces y la menor violencia posibles. Por eso nuestras soluciones dejan siempre la puerta a varias soluciones y, a poder ser, mejores.”

El Asesinato de las Ideologías

El Asesinato de las Ideologías

La palabra “ideología” genera en nuestra sociedad una gran variedad de opiniones, tanto entre personas de ambientes distintos como entre individuos de estratos sociales similares, hasta el punto de producir discrepancias incluso entre personas que comparten organización. Algunos tienen muy clara su presencia en la sociedad, otros las creen en vías de extinción y puede decirse que la opinión de la mayoría coincide con los medios de comunicación de masas en considerar las ideologías como un vestigio del pasado, inexistente en la sociedad actual. Para nosotros es necesaria una reflexión sobre ese término, su significado (o significados) y sus implicaciones actuales, tanto para la sociedad en su conjunto como para los diferentes movimientos sociales que alberga. Esperamos que este breve artículo sirva para animar a la reflexión crítica sobre el tema.

Juventudes Anarquistas de León (FIJA)

El asesinato de las Ideologías

La caída del muro de Berlín supuso un punto de inflexión de la doctrina que pronosticaba la muerte de las ideologías. A pesar de que Daniel Bell (El fin de la ideología, 1960) enunció ya esta doctrina, ésta parecía tener poco sentido mientras pervivían dos grandes bloques, el comunista y el capitalista, que eran enfocados como dos concepciones diferentes de la sociedad pese a que realmente sólo suponían dos formas diferentes de organizar la economía bajo una misma perspectiva ideológica, el autoritarismo. Fue, sin embargo, la doctrina pulida por Fukuyama (El fin de la historia y el último hombre, 1992) la que obtuvo una importante eclosión mediática, gracias a la desaparición del bloque soviético.

De esta forma, y dado que en esta “muerte de las ideologías” se entendían estas como la oposición dialéctica entre el bloque liberal y el soviético, materializada en la denominada “guerra fría”, la muerte de las ideologías sería en realidad la hegemonía de la ideología liberal. Podemos encontrar la misma interpretación de las ideologías en las versiones “oficiales” de la guerra civil, versiones que nosotros no compartimos.

La ideología no muere, se somete

—>La ideología tal cual, sin connotaciones de ningún tipo, es el conjunto de ideas acerca de los asuntos que afectan a la sociedad: ya sean económicos, culturales, políticos, sociales… Y por ello consideramos falso que la ideología sea algo que puede estar separado de la vida social y por lo mismo, entendemos que mientras haya sociedad, habrá ideología. Nosotros no compartimos, por tanto, esa visión de la ideología como algo cerrado, como un sinónimo de doctrina, o como algo a combatir por el Anarquismo, pues el Anarquismo es un conjunto de ideas de cómo ha de organizarse una sociedad.

El tan manido discurso oficial o único de que las ideologías han muerto deviene precisamente de una ideología, la liberal o demócrata, dominante, y sólo puede entenderse como un discurso totalizador y unificador. No es cierto que las ideologías hayan muerto, sino que una existe por encima de las demás, y no sólo en cuanto a ocultar a otras ideologías con su predominancia, sino también permeabilizando en estas y creando un pensamiento único a través de su destrucción.

El auto-sometimiento de los movimientos ciudadanistas

Un ejemplo reciente y, desde nuestro punto de vista, muy esclarecedor de lo que estamos exponiendo aquí es el movimiento que recientemente se ha visto impulsado en diversos puntos del Estado español por parte de “ciudadanos”.

Desde un principio, la propia autointitulación de movimiento “ciudadano” asume el discurso interclasista defendido por los partidos políticos dominantes. No en vano, el Partido Socialista ya especificaba en las resoluciones de su último Congreso (XXVII) que “la izquierda debe transformar su visión de la empresa y superar su antagonismo ideológico o su desprecio histórico por ella, para articular una nueva dialéctica entre empresa, sociedad y poder político que transforme a las empresas en agentes activos de una sociedad justa”, considerando que “una ciudadanía plena es la condición indispensable de una sociedad cohesionada”.

Sin embargo, la realidad social, aunque diferente en muchos aspecto, no ha variado lo más mínimo en cuanto a su composición estratificada en los últimos siglos. La llamada “clase media” no deja de ser un mero invento de los ideólogos del “Estado del bienestar”, que no tiene ninguna realidad fuera de la propia ilusión de los trabajadores desclasados con más recursos. Nosotros no defendemos, ni consideramos válido desde un punto de vista sociológico, el análisis de la sociedad de clases partiendo del nivel adquisitivo.

Del mismo modo, se han asumido discursos propios de la legitimidad estatal. La propia concepción del movimiento como no violento asume, en nuestra opinión, el concepto de violencia utilizado por el Poder. Dentro de esta concepción, se encuentra indisoluble la aceptación del monopolio de la violencia por parte del Estado. Violencia es, de este modo, toda actividad que atente contra el Orden actual impuesto, impidiendo el normal desarrollo de las actividades cotidianas del conjunto de “ciudadanos” ya sea actuando contra individuos u objetos, sin la correspondiente autorización de quien legalmente corresponda. El concepto de violencia manejado es algo totalmente subjetivo y contemporáneo a una realidad concreta. Por ejemplo, no es violento sentarse en una plaza sin interrumpir el tránsito de las personas, pero sí lo es sentarse en una avenida concurrida por personas y vehículos; o no es violento tirar rosas de papel al aire, pero sí lo es tirar piedras contra la cristalera de un banco; todos ellos objetos inanimados (como la barra de carbono).

Esta concepción de violencia asume el papel de inferioridad que el individuo juega en las sociedad jerarquizadas. En nuestra opinión, violencia es todo acto que, a través de cualquier medio, sea físico o psíquico, busca el sometimiento del individuo a una serie de intereses ajenos a él. De este modo, nosotros no podemos entender como violento ningún acto que partiendo de un individuo sometido se ejerce contra el sujeto o idea bajo la cual está sometido. Si bien tampoco somos defensores de aquello de que “el fin justifica los medios” y tampoco estamos de acuerdo en eso de que todo lo que sea hacer vale. En cualquier caso, los continuos llamamientos a la resistencia pacífica, aún con policías cargando agresivamente, nos parecen, en ciertas circunstancias, no sólo un error estratégico sino además una verdadera proclama a la estupidez humana.

Sabemos que la “opinión pública” desprestigiará cualquier movimiento que sea calificado o considerado mediáticamente como violento. Pero no es nuestra intención hacer lo que la “opinión pública” considere como acertado o idóneo, tampoco decirles lo que quieren oír. No se trata de variar nuestras estrategias para alcanzar, con un discurso mediatizado y desideologizado, a grandes masas, sino reafirmarnos en nuestros métodos y principios para continuar llegando a nuestro alrededor por nuestros propios medios de una forma realmente influyente y sincera.

También, se ha asumido el papel de los medios de comunicación de masas como interlocutores válidos, e imprescindibles, del movimiento. Esta aceptación conlleva a la necesaria consecuencia de que una vez que se deja de tener presencia en los medios de comunicación, el movimiento pierde fuerza por carecer de un método propio de divulgación o por no haberle dado la importancia necesaria. A este respecto tenemos que aclarar, respecto a algunos comunicados que han salido recientemente desde Grupos de Madrid cercanos al Movimiento Libertario o pertenecientes a él, que nosotros no damos por buenas las excepciones. Ni consideramos como justificables acciones puntuales. Precisamente es en la cotidaneidad de las cosas, en los pequeños conflictos donde empiezan los grandes cambios. Las situaciones de gran “calado”, por excepcionales, no suponen grandes cambios en nuestra realidad cotidiana.

La ideología liberal y el Movimiento Libertario

Lamentablemente, desde nuestro punto de vista, el Movimiento Libertario también está sufriendo esta permeabilización o sometimiento interno de la ideología liberal, y creemos que hay unos ejemplos bastante ilustrativos.

– Los mass media como centro de nuestra acción: Desde hace unos años, se está dando una importancia excesivamente relevante a los medios de comunicación oficiales o, como eran referidos en la literatura clásica, burgueses (es decir, opuestos a los medios de comunicación de la clase trabajadora, es decir, propios). Ya no sólo la creencia de que se debe trabajar con ellos, sino la elaboración de verdaderos manuales de edición de prensa para imitar y aceptar no sólo como propios, sino como válidos, los cánones y modelos oficiales. No importa entonces lo que se hace en sí, sino la repercusión que puede llegar a tener. Ya no interesa lo ideológico, sólo lo que resulta atractivo: mucha gente y pocas letras, como en los mejores conciertos de dance. No hay que decirle a la gente lo que pensamos, sino lo que quieren oír.

– El dinamismo como motor: Importa el resultado, y no el proceso para llegar a él como parte inseparable de éste; el fin no sólo justifica los medios, sino que lo justifica todo. Ya no existe el consenso, sólo la mayoría, porque aquel es un obstáculo para el dinamismo. Interesa dibujar la unanimidad como algo imposible, como un ideal inalcanzable; como algo que no favorece lo que interesa: el aquí y el ahora. La agenda nos la marca la comunicación; la era de la tecnología requiere de mucha presencia para estar en portada. No hace falta ni ser ni estar, sólo constar.

– La cantidad es lo importante: La acción pasa a un segundo lado como elemento exponente de la capacidad de clase. El número es lo importante, como bien dictamina la democracia representativa. Parece que ya no basta con ser pocos y hacer mucho, sino ser muchos y hacer ruido. La diferencia está marcada por el ser diferente, como marca de calidad, no por el hacer las cosas de otro modo en base a esa forma de ser; el color y la apariencia se convierte de este modo en la única seña de identidad; pues, al parecer, la “extravagancia” y el dar la nota no están a la orden del día y no son por tanto buenos métodos de crecimiento exponencial e indiscriminado. Nosotros, sin embargo, siempre hemos sido férreos defensores de la calidad frente a la cantidad; es por eso que defendemos siempre un crecimiento cualitativo.

– El glamour, nuevo exponente de nuestra esencia: La estética parecer pasar cada vez a un plano más importante. Si las modas de los 60 y los 70 pretendían destruir la sociedad del consumo a través de modas, como fue el caso del punk, es decir, a través de consumo estético o, a lo sumo “crítico”, no hemos sabido hacer frente a ese error conceptual ni apartarnos de él. Sólo darle la vuelta. Si la estética de la oposición nunca fue un temor para los mercados, mucho menos lo será la estética de la aceptación. Ese ansia por parecer buenos por ir de corbata o por salir publicados por editoriales de papel blanco en librerías céntricas de grandes capitales no tiene ningún sentido fuera de los estrictos designios del mercado. También hay que decir que, desde nuestro punto de vista, los intentos por convertir ciertos temas en best-seller son más un tropiezo en el mundo del márketing que una estrategia de crecimiento. Pero allá cada uno con sus ilusiones. Ciertamente, creemos, que nuestra ideología no gana en aceptación por venir con cierta recomendación de los que son nuestros enemigos de clase, más bien lo único que hace es perder credibilidad.

No estamos por la labor de variar nuestras formas de comunicarnos; no consideramos un avance el adaptar nuestra forma de hablar o de escribir a las pautas marcadas por los académicos del Sistema. No consideramos positivo el que se dé potestad a ciertos “profesionaluchos” para mediar en nuestra forma de comunicarnos, avocándonos de este modo a sus designios y a la moda de turno.

El futuro del Movimiento Libertario

Desde nuestro punto de vista la única posibilidad que tiene el Movimiento Libertario es su propia reafirmación. Seguir siendo lo que siempre ha sido sin ningún temor ni prisa, avanzar en la elaboración de nuestra propia ideología sin perder un ápice de nuestra esencia. Para alcanzar este camino solo existe la posibilidad de continuar trabajando con convicción y constancia en nuestro ámbito más cercano. Los cambios inmediatos a gran escala, vinculados siempre a ciertas cuotas de centralismo, suelen ser efímeros, inadecuados y, en general, están destinados al fracaso. Ser más de lo mismo no nos ayuda en absoluto.

Juventudes Anarquistas de León (FIJA)

Contra el Racismo y Toda Autoridad

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Contra el Racismo y Toda Autoridad.

La lucha por la igualdad social entre personas de distinto aspecto físico en base a su color de piel o por distintos comportamientos culturales se plantea actualmente desde distintas ópticas. Desde el ciudadanismo, que entiende que, como ciudadanes iguales ante la ley que debemos ser, el racismo debe ser perseguido por ésta, hasta posturas más radicales, es decir, que buscan destruir la raíz del problema y no, no tenemos ningún miedo en reivindicarnos como parte de esta última.

El racismo, a día de hoy, surge como consecuencia del conflicto social que comienza a extenderse en la Edad Moderna con la aparición en la historia de un primer capitalismo de carácter mercantil y financiero, pero que no da lugar al actual racismo hasta que no llegamos a su nueva etapa histórica, el capitalismo global e imperialista. El racismo es el sentimiento de superioridad frente a aquelles que, por sus caracteres genéticos externos, son considerades distintes; pero existe otro sentimiento, menos terrible pero igualmente despreciable, que es la xenofobia, es decir, el miedo, el rechazo hacia aquelles que han desarrollado formas culturales distintas de las nuestras y que, por motivos generalmente económicos, de pobreza, se ven forzades a migrar hacia países de aparente mayor “riqueza social” (es decir, donde les riques son más riques que en otros países).

La xenofobia que vemos hoy día en nuestra sociedad es fruto de un sistema competitivo, como es el capitalismo, que nos empuja a les trabajadores a competir por los puestos de trabajo que cada vez destruyen más les empresaries, propietaries de los medios de producción y distribución, les mismes que aprovechan la situación de desesperación de estas personas migrantes para una más fácil explotación laboral.

Vemos, pues, que la xenofobia es un sentimiento fácilmente aprovechable por esta clase empresarial, auténtica culpable de nuestros problemas como clase trabajadora, para enfrentarnos entre nosotres y no con nuestres verdaderes enemigues y tampoco tenemos miedo a hablar de confrontación mientras una parte minoritaria de la sociedad pero que, por el contrario, acumula la mayor parte de la riqueza, siga aprovechándose de nosotres.

En este mismo sentido, vemos a los distintos gobiernos, órganos ejecutivos del Estado, incentivando a esta clase empresarial que ya no necesita ocultarnos que nos gobierna (FMI, BM, BCE… son órganos que nos dictan las políticas económicas). Vemos, pues, que el Estado, órgano para la perpetuación de los privilegios sociales de les empresaries, elabora políticas que alientan el racismo y la xenofobia para aumentar la conflictividad interna de nuestra clase.

Vemos también que en esta sociedad legalista, cuando existe un problema, se cree que lo mejor es resolverlo con la ley, con la represión, así es como se justifica que miles de trabajadores, todos los días, sean controlades por los miembros de una de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la PolicíaNacional, por el mero hecho de tener un color distinto de piel o un acento extraño, contrario a lo que dicen sus propias leyes de no discriminación por motivos de raza o procedencia, así es como se justifica que cientes de inmigrantes sean encarcelades en los Centros de Internamiento de Extranjeres, auténticas cárceles para quienes su mayor delito es no haber nacido en la Europade la libertad… de mercado.

Ante todas estas agresiones, entendemos que nos queda nuestra organización como clase, organización indiscriminada de natives o migrantes, con la única motivación de eliminar la desigualdad social, generada por la injusta distribución de la riqueza, la propiedad de los medios de producción y distribución, así como para luchar contra el principio de autoridad que deriva en el delegacionismo imperante en nuestra sociedad, al dejar siempre la resolución de nuestros problemas en manos ajenas, como ocurre con el caso de la xenofobia y el racismo, al dejar su resolución en manos de los mismos gobiernos que posteriormente se demuestran como nuestros agresores. Proponemos, pues, nuestra autoorganización sin líderes, sin vanguardias, una organización anárquica que deje las decisiones a tomar en manos de las bases y no de órganos intermedios o superiores que nos digan lo que hacer, pues nadie debe ser quién para imponernos la justicia o la injusticia social, sobre todo sabiendo que el poder genera vicios entre quienes lo detentan, terminando por cometer esas injusticias sociales que se proponía combatir (y eso cuando, de forma sincera, se ha propuesto combatirlas), es decir, apostamos por el Federalismo anarquista y la Acción Directa, la acción sin intermediaries entre nosotres y les causantes de nuestros problemas. Vemos también la incoherencia de, en cualquier lucha, recibir con las manos abiertas las migajas de aquél a quién pretendemos destruir: el Estado. Por contra, creemos en nuestra autofinanciación y la autogestión de nuestras organizaciones, para mantener la autonomía de nuestras decisiones, al no depender de órganos externos.
Entendemos que la lucha por otras vías en ésta o cualquier otra problemática social, es reproducir los mismos errores y no resolverlos, dejarlos ahí en estado latente, ya que la única forma de destruirlos es destruir el sistema económico y social que los genera: el Capitalismo y el Estado, a través de una auténtica Revolución Social y no solo político-económica o tristes y paulatinas reformas.

¡Contra el racismo, el capitalismo que lo genera y el Estado que lo ampara y ejerce!
Grupo Bandera Negra (F.I.J.L) – 2011
¡Stop Redadas Racistas!

Ningún ser humano es ilegal.

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CNT-AIT

Las mentiras de la integración

https://vimeo.com/8512404

CNT-AIT y  Grupo Tierra FAI IFA

Contra el Nacionalismo

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El Nacionalismo como religión política

La idea de la nación -dice el filósofo poeta indio Tagore- es uno de los medios soporíferos más eficaces que ha inventado el hombre. Bajo la influencia de sus perfumes puede un pueblo ejecutar un programa sistemático del egoísmo más craso, sin percatarse en lo más mínimo de su depravación moral; aún más, se le excita peligrosamente cuando se le llama la atención sobre ella.

Tagore denominó a la nación como egoísmo organizado. La calificación ha sido bien elegida; sólo que no se debe olvidar nunca que se trata aquí siempre del egoísmo organizado de minorías privilegiadas, oculto tras el cortinaje de la nación, es decir, tras la credulidad de las grandes masas. Se habla de intereses nacionales, de capital nacional, de mercados nacionales, de honor nacional y de espíritu nacional; pero se olvida que detrás de todo sólo están los intereses egoístas de políticos sedientos de poder y de comerciantes deseosos de botín, para quienes la nación es un medio cómodo que disimula a los ojos del mundo su codicia personal y sus intrigas políticas.

El movimiento insospechado del industrialismo capitalista ha fomentado la posibilidad de sugestión nacional colectiva hasta un grado que antes no se hubiera siquiera soñado. En las grandes ciudades actuales y en los centros de la actividad industrial viven millones de seres estrechamente prensados, privados de su vida personal, adiestrados sin cesar moral y espiritualmente por la prensa, el cine, la radio, la educación, el partido y cien medios más, en un sentido que les hace perder su personalidad. En los establecimientos de la gran industria capitalista el trabajo se ha vuelto inerte y automático y ha perdido para el individuo el carácter de la alegría creadora. Al convertirse en vacío fin de sí mismo ha rebajado al hombre a la categoría de eterno galeote y le ha privado de lo más valioso: la alegría interior por la obra creada, el impulso creador de la personalidad. El individuo se siente solo como un elemento insignificante de un grandioso mecanismo, en cuya monotonía desaparece toda nota personal.

Se adueñó el hombre de las fuerzas de la naturaleza; pero en su lucha continua contra las condiciones externas se olvidó de dar a su acción un contenido moral y de hacer servir a la comunidad las conquistas de su espíritu; por eso se convirtió en esclavo del aparato que ha creado. Es justamente esa enorme carga permanente de la máquina lo que pesa sobre nosotres y hace de nuestra vida un infierno. Hemos perdido nuestro humanismo y nos hemos vuelto, por eso, hombres de oficio, hombres de negocio, hombres de partido. Se nos ha metido en la camisa de fuerza de la nación para conservar nuestra característica étnica; pero nuestra humanidad se ha esfumado y nuestras relaciones con los otros pueblos se han transformado en odio y desconfianza. Para proteger a la nación sacrificamos todos los años sumas monstruosas de nuestros ingresos, mientras los pueblos caen cada vez más hondamente en la miseria. Cada país se asemeja a un campamento armado y acecha, con miedo y mortífero celo, todo movimiento del vecino; pero está dispuesto en todo momento a participar en cualquier combinación contra él y a enriquecerse a costa suya. De ahí se desprende que debe confiar sus asuntos a hombres que tengan una conciencia bien elástica, pues sólo ellos tienen las mejores perspectivas de salir airosos en las eternas intrigas de la política exterior e interior. Lo reconoció ya Saint Simon cuando dijo:

Todo pueblo que quiere hacer conquistas está obligado a desencadenar en sí las peores pasiones; está forzado a colocar en las más altas posiciones a hombres de carácter violento, así como a los que se muestran más astutos. (Saint Simon, “Du Systeme industrial”, 1821)

Y a todo esto se agrega el miedo continuo a la guerra, cuyas consecuencias se vuelven cada día más horrorosas y más difícilmente previsibles. Ni los tratados y convenios mutuos con otras naciones nos alivian, pues se conciertan con determinados propósitos, ocultos generalmente. Nuestra política llamada nacional está animada por el egoísmo más peligroso; y por esa misma razón no puede nunca conducir a una disminución o a un arreglo integral, por todos anhelado, de las divergencias nacionales.

Por otra parte, hemos desarrollado nuestros conocimientos técnicos hasta un grado capaz de influir y estimular de modo fantástico en nuestra imaginación; pero sin embargo, el hombre no se ha vuelto por ello más rico, sino cada vez más pobre. Toda nuestra economía ha caído en un estado de constante inseguridad, y mientras se abandonan al exterminio de una manera criminal valores por millones y millones, a fin de mantener los precios al nivel más conveniente, viven en cada país millones de seres humanos en la miseria más espantosa y sucumben vergonzosamente en un mundo de superabundancia y de supuesta superproducción. La máquina, que debía haber aliviado el trabajo del hombre, lo ha hecho más pesado y ha convertido poco a poco a su propio inventor en una máquina, de tal modo que debe adaptar cada uno de sus movimientos a los de las ruedas y mecanismos de acero. Y, como se calcula la capacidad de rendimiento del complicado mecanismo hasta lo más ínfimo, se calcula también la energía muscular y nerviosa del productor viviente de acuerdo con determinados métodos científicos, y no se comprende, no se quiere comprender, que con ello se le priva del alma y se mutila profundamente su dignidad humana. Hemos caído cada vez más bajo el dominio de la mecánica y sacrificamos la existencia humana viviente ante el altar de la monotonía de las máquinas, sin que llegue a la conciencia de la mayoría lo monstruoso de ese comienzo. Por eso se pasa por sobre estas cosas generalmente con tanta indiferencia y frialdad como si se tratase de objetos inertes y no del destino humano.

Para conservar ese estado de cosas ponemos todas las conquistas técnicas y científicas al servicio del asesinato en masa organizado; educamos a nuestra juventud para asesines uniformades; entregamos los pueblos a la torpe tiranía de una burocracia extraña a la vida; ponemos al hombre desde la cuna a la tumba bajo la vigilancia policial: levantamos en todas partes prisiones y presidios y poblamos cada país de ejércitos enteros de confidentes y espías. Semejante orden, de cuyo seno enfermo brotan continuamente la violencia brutal, la injusticia, la mentira, el crimen y la podredumbre moral como gérmenes venenosos de endemias devastadoras, ¿no convencerá poco a poco, incluso a los espíritus más conservadores, de que se compra a precio demasiado elevado?

El dominio de la técnica a costa de la personalidad humana, y especialmente la resignación fatalista con que la gran mayoría se acomoda a esa situación, es también la causa por la cual es más débil en el hombre de hoy la necesidad de libertad, siendo sustituida en muchos por la necesidad de seguridad económica. Ese fenómeno no debe extrañarnos; todo nuestro desenvolvimiento ha llegado hoy a un punto en que casi todo ser humano es jefe o subalterno, o ambas cosas simultáneamente. Por ese medio ha sido fortalecido el espíritu de la dependencia; el hombre verdaderamente libre no está a gusto ni en el papel de superior ni en el de inferior y se esmera, ante todo, por desarrollar sus valores internos y sus capacidades personales de una manera que le permita tener un juicio propio en todas las cosas y le capacite para una acción independiente. La tutela continua de nuestra acción y de nuestro pensamiento nos ha debilitado y nos ha vuelto irresponsables. De ahí justamente proviene el anhelo de un hombre fuerte que ponga fin a toda miseria. Ese afán de un dictador no es un signo de fortaleza, sino una prueba de nuestra inconsistencia interior y de nuestra debilidad, aun cuando los que la ponen de manifiesto se esfuerzan a menudo por aparecer como firmes y valerosos. Lo que no posee el hombre mismo es lo que más codicia. Y como se siente demasiado débil pone su salvación en la fortaleza ajena; porque somos demasiado cobardes o demasiado tímides para hacer algo con las propias manos, y forjar el propio destino, ponemos éste a merced de los demás. Bien dijo Seume cuando afirmó: La nación que sólo puede o debe ser salvada por un solo hombre, merece latigazos.

No; el camino de la superación sólo puede estar en la ruta hacia la libertad, pues toda dictadura tiene por base una condición de dependencia llevada al extremo y no puede beneficiar nunca la causa de la liberación. Incluso cuando una dictadura ha sido concebida como etapa transitoria para alcanzar un cierto objetivo, la actuación práctica de sus jefes -suponiendo que tenían la honesta intención de servir a la causa del pueblo- la aparta cada vez más de sus objetivos originarios. No sólo por el hecho que todo gobierno provisional, como dijo Proudhon, pretende siempre llegar a ser permanente, sino ante todo porque el poder en sí es ineficaz y ya por esa causa incita al abuso. Se pretende utilizar el poder como un medio, pero el medio se convierte pronto en un fin en sí mismo, tras el cual desaparece todo lo demás. Justamente porque el poder es infecundo y no puede dar de sí nada creador, está obligado a utilizar las fuerzas laboriosas de la sociedad y a oprimirlas en su servicio. Debe vestir un falso ropaje, a fin de cubrir su propia debilidad; y esa circunstancia lleva a sus representantes a falsas apariencias y engaño premeditado. Mientras aspira a subordinar la fuerza creadora de la comunidad a sus finalidades particulares, destruye las raíces más profundas de esa energía y ciega las fuentes de toda actividad creadora, que admite el estímulo, pero de ninguna manera la coacción.

No se puede libertar a un pueblo sometiéndolo a una nueva y mayor violencia y comenzando de nuevo el círculo de la ceguera. Toda forma de dependencia lleva inevitablemente a un nuevo sistema de esclavitud, y la dictadura más que cualquiera otra forma de gobierno, pues reprime violentamente todo juicio contrario a la actuación de sus representantes y sofoca así, de antemano, toda visión superior. Pero toda condición de sometimiento tiene por base la conciencia religiosa del hombre y paraliza sus energías creadoras, que sólo pueden desarrollarse sin obstáculos en un clima de libertad. Toda la historia humana fue hasta aquí una lucha continua entre las fuerzas culturales de la sociedad y las aspiraciones de dominio de determinadas castas, cuyes representantes opusieron firmes barreras a las aspiraciones culturales o al menos se esforzaron por oponerlas. Lo cultural da al hombre la conciencia de su humanidad y de su potencia creadora, mientras el poder ahonda en él el sentimiento de su sujeción esclava.

Hay que librar al ser humano de la maldición del poder, del canibalismo de la explotación, para dar rienda suelta en ellos a todas las fuerzas creadoras que puedan dar continuamente nuevo contenido a su vida. El poder les rebaja a la categoría de tornillos inertes de la máquina, que es puesta en marcha por una voluntad superior; la cultura les convierte en amo y forjador de su propio destino y les afianza en el sentimiento de la comunidad, del que surge todo lo grande. La redención de la humanidad de la violencia organizada del Estado, de la estrecha limitación a la nación, es el comienzo de un nuevo desarrollo humano, que siente crecer sus alas en la libertad y encuentra su fortaleza en la comunidad. También para el porvenir tiene validez la sabiduría de Lao-Tsé:

Gobernar de acuerdo con la ruta es gobernar sin violencia: produce en la comunidad un efecto de equilibrio. Donde hubo guerra crecen las espinas y surge un año sin cosecha. El que es bueno no necesita violencia, no se arma de esplendor, no se jacta de fama, no se apoya en su acción, no se fundamenta en la severidad, no aspira al poder. La culminación significa decadencia. Fuera de la ruta está todo fuera de ruta.

Nacionalismo y Cultura. Rudolf Rocker, 1936 Libro primero, Capítulo XV

Anarquismo y nacionalismo

https://www.youtube.com/watch?v=8WvOPPoN6X8&index=35&list=PLygqavJysUHI8kR7iOCLoY5p-znRLFH-C

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La Cultura como forma de opresión: Contra el “anarco-independentismo”

El “anarco”-independentismo es una corriente que surge del intento de unir las teorías del anarquismo y las del nacionalismo. Esta extraña unión parte de una particular concepción del nacionalismo (también del anarquismo), concibiéndolo de una forma no estatista; en términos suyos, nacionalismo nacionalista frente al nacionalismo estatista. Esta forma de nacionalismo conllevaría la no necesidad de creación de un Estado y sería la conservación de las tradiciones, las culturas y los idiomas por el propio pueblo. Esta particular visión del federalismo, federalismo nacionalista podría llamarse, entra en contradicción con la particular visión del federalismo libertario; esto es, el que parte desde el propio individuo independientemente del espacio geográfico en el que se haya desenvuelto. Es cierto que no existe un Estado que centralice y someta al individuo, pero es que la centralización no es particular del Estado sino que puede darse desde diferentes entes. Si se delimita un espacio geográfico y se somete a todos los individuos a una cultura en particular, se está convirtiendo a esa cultura en una forma de opresión (lingüística, cultural…) hacia el individuo. Las dos tendencias más conocidas en el Estado español son el anarco-independentismo y el anarco-abertzalismo. Éstas reclaman la liberación nacional de los “Països Catalans” y de “Euskal Herria” respectivamente. Esta reivindicación parte de una concepción unitaria que poco tiene que ver con la realidad. En cuanto al idioma, no hay una realidad idiomática única y natural en esos territorios: en el caso de los “Països Catalans” se dan diferentes variedades, el català, el valecià o mallorquín, en el caso de “Euskal Herria” el lapurtano, el guipuzcoano o el navarro. De esta forma, la necesidad de mostrar una realidad cohesionado conlleva la imposición (sea o no a través de formas estatales) de un idioma único; el català o, más claramente, el euskara batua (euskara unificado). ¿Cuál es la cultura de la que se está hablando? De la que se está imponiendo para defender unos intereses.

Al contrario de lo que parece que nos quieren hacer entender los defensores del nacionalismo (pretendiendo establecer vínculos entre las personas, los idiomas, las culturas con la tierra), los idiomas no están anclados en este o en aquel territorio, sino que lo están en las propias personas, y viajan y se mueven con éstas, se transforman y evolucionan por su acción; y negar esto es negar tanto el idioma como al ser humano. Según algunos lingüistas, territorios que supuestamente estarían entroncados en los “Països Catalans” estuvieron habitados por euskaldunes, como podría demostrar la toponimia de algunos puntos de Cataluña: Valle de Arán, Barcelona o Badalona. También es conocida la teoría de que la lengua vasca cohabitó en algunas zonas de Burgos y también de la Rioja. Es decir, los movimientos migratorios de los euskaldunes conllevaron que el idioma se fuera desplazando durante siglos por todo el noreste Peninsular. El estancamiento, siempre artificial, se debió a la imposición del castellano, por lo que el euskera fue perdiendo progresivamente terreno (en aquel momento, siglos XIII-XIV, ocupaba prácticamente todo el noroeste, desde Lérida hasta Burgos). La oposición al centralismo que pretenden hacer los movimientos nacionalistas, sean o no estatistas, no es diferente a su propuesta cultural. Porque, además de ser ambas formas de centralismo, el efecto para con la cultura es siempre el mismo: paralización y artificialidad.

Independientemente de que se reclame o no un Estado, la idea de Pueblo siempre es autoritaria; porque deja de colocar como protagonistas a los individuos que lo componen. Los Pueblos no hablan idiomas, los hablan los individuos que componen aquellos. No tiene sentido el aferrarse a una cultura colectiva definida, porque la cultura es un producto de la interrelación; y no se puede defender más que la cultura individual, cosa que corresponde a cada une de nosotres. Esta forma de entender la cultura, ayuda al enriquecimiento de la cultura humana, no existe ninguna forma cultural pura, porque todas surgen de la interrelación. No existen los Pueblos. Existen los individuos. Es imposible delimitar la existencia de un Pueblo de manera perfecta, porque su interrelación no va a estar cohibida por una frontera sino que la traspasará, y la cultura que de ello surja será diferente a la del resto del Pueblo delimitado. No se puede encadenar a los pueblos al centralismo nacionalista.

Juventudes Anarquistas de León (FIJA)

Nacionalismo y Anarquismo, del Sindicato Único de Irún (CNT-AIT)

http://issuu.com/companerodurruti/docs/nacionalismo-anarquismo2

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Contra los Cuerpos Represivos del Estado

¿DE VERDAD CREES QUE ELLOS TE PROTEGEN?

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Es habitual escuchar, especialmente durante esta oleada de mayor represión, quejas contra la policía, pero en la mayoría de los casos, las mismas personas que expresan estas quejas afirman “que los policías en realidad solo cumplen con su trabajo y lo que hay que hacer es cambiar la ley” o que “hay policías buenos y policías malos, y hacen falta más policías buenos” e incluso justifican las actuaciones más represivas “porque es una respuesta comprensible hacia los violentos antisistema de siempre”

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estas fórmulas hacen ilegítimo cualquier acto de autodefensa del pueblo, legitimando, sin embargo, la violencia que ejerce el Estado; de este modo (el Estado) consigue monopolizar la violencia.

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La figura del policía es considerada por la mayor parte de la población como necesaria, “si no fuera por ellos,¿quién nos protegería de los asesinos y otros criminales?” (un tópico muy común) pero poca gente se para a pensar en las causas del crimen, nosotros pensamos que son esas causas las que tienen que ser abolidas, y eso no podrá hacerlo el Estado, pues es quien conserva e incluso origina esas mismas causas, siendo el estado y el capital  la principal causa de la desigualdad que producen las clases sociales. El trabajo de la policía es mantener y aumentar esa desigualdad entre burguesía yla clase trabajadora. Es decir que su trabajo es defender a los ricos y legitimar la injusticia , cuando hay un desahucio la policía va desalojar, cuando unos trabajadores están protestando por los recortes o los despidos en una empresa son los policías quienes protegen al patrón y disfrutan apaleando a los trabajadores insumisos (Por supuesto, todo esto financiado por los trabajadores).

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Contra los Cuerpos Represivos del Estado

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“Supón que tú ves a John que golpea y da patadas a Bill cuando este último está en el suelo. Puede ser que ambos te sean extraños, pero si no le tienes miedo a John, le dirás que deje de dar patadas a un sujeto que está tendido.

Pero cuando ves un policía que hace lo mismo a un trabajador te lo pensarás dos veces antes de interferir, porque también te podría golpear a ti y detenerte. El tiene la autoridad.”

Con esta frase del Anarquista Alexander Berkman queremos reflexionar que para mantener el actual estado de las cosas (explotadores y explotados, opresores y oprimidos etc) el capital utilizan el miedo, es decir, a la policía y a los distintos cuerpos represores del estado, manipulándonos a través de los medios de comunicación, en la escuela, etc.  Pero, realmente, ¿quién debería temer a quién? Nosotros  producimos toda la riqueza que los capitalistas acumulan son ellos los que nos roban, ellos dependen de nosotros .Tenemos la capacidad de paralizar la economía mediante la huelga general indefinida, de acabar con los sindicatos vendidos mediante la acción directa. Tenemos que rebelarnos contra toda autoridad sean policías, guardias, civiles, patrones, políticos o burócratas sindicales sólo así podemos  llegar a la verdadera igualdad que es la anarquía.

FUERA POLICIA DE NUESTROS BARRIOS
CONTRA TODA AUTORIDAD
POR LA ANARQUIA.
La anarquía total