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El Sindicato

El sindicato

«Sí, el sindicato es nuestra única esperanza», convienes tú. «Nos hace fuertes».

Ciertamente, nunca se dijo una frase más verdadera: en la unión está la fuerza. Le ha costado al trabajo mucho tiempo constatar esto e incluso actualmente muchos proletarios no lo comprenden del todo.

Hubo una época en que los obreros no sabían nada sobre la organización. Luego, cuando comenzaron a agruparse para mejorar su condición, se aprobaron leyes contra eso y fueron prohibidas las asociaciones trabajadoras.

Los amos siempre se opusieron a la organización de sus empleados, y el gobierno les ayudó a impedir y a suprimir los sindicatos. No hace tanto tiempo que Inglaterra y otros países tenían leyes muy severas contra cualquier organización de los trabajadores. El intento por mejorar su situación mediante un esfuerzo conjunto fue condenado como «conspiración» y fue prohibido. Tuvieron que emplear mucho tiempo los asalariados en conquistarse mediante la lucha el derecho de asociación; y, recuérdalo, ellos tuvieron que luchar por ella. Lo cual te prueba que los patrones nunca concedieron nada a los obreros, excepto cuando estos últimos lucharon por ello y les obligaron a otorgarlo. Incluso actualmente muchos empresarios se oponen a la organización de sus trabajadores; ellos la impiden siempre que pueden; hacen que detengan a los organizadores de los trabajadores y que los expulsen de la ciudad, y la ley está siempre de parte de ellos y les ayuda a hacer esto. O recurren a la argucia de formar cuerpos laborales falsos, sindicatos amarillos, en los que se puede confiar, y que harán lo que manden los patronos.

El fácil comprender por qué los amos no desean que tú estés organizado, por qué tienen miedo a la unión real de los trabajadores. Saben muy bien que un sindicato fuerte y combativo fuerza a unos salarios más elevados y a unas mejores condiciones, lo que significa menos ganancia para los plutócratas. Por eso es por lo que hacen todo lo que está en su poder para detener la organización de los trabajadores. Cuando no pueden detenerla, intentan todo lo que está a su alcance para debilitar el sindicato o para corromper a sus líderes, de modo que el sindicato no sea peligroso a los intereses de los patronos.

Los amos han encontrado un medio muy efectivo de paralizar la fuerza del trabajo organizado. Han persuadido a los obreros que ellos tienen los mismos intereses que los empresarios; les han hecho creer que el capital y el trabajo tienen «intereses idénticos» y que lo que es bueno para el empresario es bueno también para sus trabajadores. A esto le han dado el nombre que suena tan bonitamente de «armonía entre capital y trabajo». Si tus intereses son los mismos que los de tu patrón, ¿por qué entonces tendrías tú que luchar contra él? Eso es lo que te dicen. La prensa capitalista, el gobierno, la escuela y la Iglesia, todos te predican lo mismo: que vivas en paz y amistad con tu empresario. Es bueno para los magnates industriales que sus obreros crean que ellos son «socios» en un negocio común; entonces ellos trabajarán duro y con lealtad porque es «para su propio interés»; los obreros no pensarán en luchar contra sus amos por mejores condiciones, sino que serán pacientes y esperarán hasta que el empresario pueda «compartir su prosperidad» con ellos. Ellos considerarán también los intereses y el bienestar de «su» país y no «perturbarán la industria» y la «vida ordenada de la comunidad» mediante huelgas y paros del trabajo. Si escuchas a tus explotadores y a sus portavoces, serás «bueno» y considerarás tan sólo los intereses de tus amos, de tu ciudad y de tu país, pero a ninguno le preocupa tus intereses y los de tu familia, los intereses de tu sindicato y de tus compañeros obreros de la clase trabajadora. «No seas egoísta», te advierten, mientras que el patrono se hace rico por ser tú bueno y desprendido. Y ellos se ríen con disimulo y le dan gracias al Señor de que tú eres tan idiota.

Pero si me has seguido hasta ahora, sabrás que los intereses del capital y del trabajo no son los mismos. Nunca se inventó una mentira mayor que la denominada «identidad de intereses». Sabes que el trabajo produce toda la riqueza del mundo y que el mismo capital es tan sólo el producto acumulado del trabajo. Sabes que no puede haber capital, ni riqueza de ninguna clase, excepto como resultado del trabajo. De modo que con derecho toda riqueza pertenece al trabajo, a los hombres y mujeres que la han creado y que la siguen creando mediante su cerebro y sus músculos; es decir, pertenece a los trabajadores industriales, agrícolas y mentales del mundo; en resumen, pertenece a la totalidad de la clase trabajadora.

Sabes también que el capital que poseen los amos es una propiedad rabada, productos robados del trabajo. La industria capitalista es el proceso de continuar apropiándose los productos del trabajo para beneficio de la clase de los amos. Los amos, en otras palabras, existen y se hacen ricos guardando para sí mismos los productos de tu fatiga. Sin embargo, se te pide creer que tú, los trabajadores, tienes los mismos intereses que tus explotadores y saqueadores. ¿Se puede coger en un fraude tan notorio a alguien que no sea en absoluto imbécil?

Está claro que tus intereses como trabajador son diferentes de los intereses de tus amos capitalistas. Más que diferentes: son enteramente opuestos; de hecho son contrarios, antagónicos. Cuando mejores salarios te paga el patrón, tanta menos ganancia saca él de ti. No requiere una gran filosofía comprender eso. No puedes prescindir de eso, y ningún artilugio y sutileza puede cambiar esta verdad sólida.

La misma existencia de los sindicatos es de por sí una prueba de esto, aunque la mayoría de los sindicatos y de sus miembros no lo comprendan. Si los intereses del trabajo y del capital fueran los mismos, ¿por qué los sindicatos? Si el patrono creyera realmente que lo que es bueno para él, como patrón, es también bueno para ti, su empleado, entonces te trataría con seguridad correctamente, te pagaría los salarios más elevados posibles; ¿para qué serviría entonces tu sindicato? Pero sabes que tú necesitas el sindicato, necesitas de él para que te ayude a luchar por mejores salarios y por mejores condiciones de trabajo. ¿Para luchar contra quien? Contra tu patrón, por supuesto contra tu empresario, contra el industrial, contra el capitalista. Pero si tienes que luchar contra él, entonces no parece que tus intereses y los de él son los mismos; ¿verdad que no? ¿En qué se convierte entonces la magnifica «identidad de intereses»? ¿O tal vez tú estás luchando contra tu patrón en busca de mejores salarios porque él es tan tonto que no comprende sus propios intereses? ¿Tal vez él no comprende que es bueno para él pagarte a ti más?

Bien, puedes ver a qué sin sentido conduce la idea de la «identidad de intereses». Y sin embargo, el sindicato promedio está construido sobre esta «identidad de intereses». Existen algunas excepciones, por supuesto, tales como los Obreros Industriales del Mundo (I.W.W.), las uniones sindicalistas revolucionarias y otras organizaciones trabajadoras con conciencia de clase. Ellos lo saben mejor. Pero los sindicatos ordinarios, tales como los que pertenecen a la Federación Americana del Trabajo en los Estados Unidos, o a los sindicatos conservadores en Inglaterra, Francia y Alemania, y en otros países, todos ellos proclaman la identidad de intereses entre el trabajo y el capital. Sin embargo, como acabamos de ver, su mera existencia, sus huelgas y luchas, todo ello prueba que la «identidad» es una impostura y una mentira. ¿Cómo ocurre entonces que los sindicatos pretenden creer en la identidad de intereses, mientras que su mera existencia y actividad lo niegan?

Porque el trabajador medio no se detiene a pensar por sí mismo. Se fía de sus líderes sindicales y de los periódicos para que piensen por él, y ellos se encargan de que él no piense directamente. Pues si los trabajadores comenzasen a pensar por sí mismos, pronto descubrirían todo el esquema de corrupción, engaño y robo que se denomina gobierno y capitalismo, y no lo apoyarían. Harían lo que ha hecho el pueblo antes en diversas ocasiones. En cuanto comprendieron que eran esclavos, destruyeron la esclavitud. Posteriormente, cuando se dieron cuenta de que eran siervos, suprimieron la servidumbre. Y en cuanto comprendan que son esclavos asalariados, abolirán también la esclavitud asalariada.

Ves entonces que le interesa al capital impedir que los trabajadores comprendan que son esclavos asalariados. El timo de la «identidad de intereses» es uno de los medios para conseguir esto.

Pero no es sólo el capitalista el que está interesado en engañar de este modo a los trabajadores. Todos los que se aprovechan de la esclavitud asalariada están interesados en mantener el sistema, y todos ellos naturalmente intentan impedir que los trabajadores comprendan la situación.

Hemos visto antes quiénes se aprovechan de que las cosas sigan como están: los dirigentes y gobiernos, las iglesias, las clases medias, en resumen, todos los que viven a costa del trabajo de las masas. Pero incluso los mismos líderes de los trabajadores están interesados en mantener la esclavitud asalariada. La mayoría de ellos es demasiado ignorante para comprender el fraude y por ello creen realmente que el capitalismo es correcto y que no podemos prescindir de él. Sin embargo, otros, los más inteligentes, saben la verdad muy bien, pero en cuanto funcionarios del sindicato, bien pagados y con influjo, ellos se benefician de la continuación del sistema capitalista. Saben que si los trabajadores vieran toda la cuestión, exigirían que sus líderes dieran cuenta por haberlos desorientado y engañado. Se rebelarían contra su esclavitud y contra sus falsos líderes, se podría llegar a una revolución, como ha ocurrido con frecuencia antes en la historia. Pero los líderes de los trabajadores no se interesan por la revolución; prefieren que las cosas sigan por si solas, pues las cosas son lo suficientemente buenas para ellos.

Ciertamente, los falsos líderes de los trabajadores no favorecen la revolución; ellos se oponen incluso a las huelgas e intentan impedirlas siempre que pueden.

Cuando estalla una huelga procurarán que los hombres «no vayan demasiado lejos», y harán todo lo que puedan para solucionar las diferencias con el empresario mediante el «arbitraje», en el que los trabajadores por lo general suelen llevar la peor parte. Mantendrán reuniones con los patronos y les suplicarán que hagan algunas concesiones menores, y con demasiada frecuencia harán un compromiso en la huelga con desventaja del sindicato; pero en cualquiera de los casos y en todos ellos exhortarán a los trabajadores a «mantener la ley y el orden», a conservarse tranquilos y a ser pacientes. Se sentarán a la misma mesa con los explotadores, serán invitados por ellos a beber y a comer, y apelarán al gobierno para «interceder» y para solucionar la «dificultad», pero tendrán extraordinario cuidado de no mencionar nunca la fuente de todas las dificultades laborales ni tocar la misma esclavitud asalariada.

¿Has visto alguna vez a un solo líder laboral de la Federación Americana del Trabajo, por ejemplo, levantarse y declarar que todo el sistema salarial en un puro robo y un timo, y exigir para los trabajadores el producto completo de su esfuerzo? ¿Has oído alguna vez se algún líder «oficial» en algún país que haga eso? Yo nunca lo oí ni tampoco ningún otro. Al contrario, cuando algún hombre decente se atreve a hacer eso, son los líderes laborales los primeros que le declaran un perturbador, un «enemigo de los trabajadores», un socialista o anarquista. Son los primeros en gritar: «¡Crucifícale!» y los trabajadores que no piensan, desgraciadamente, les hacen eco.

Tales hombres son crucificados, porque el capital y el gobierno se sienten seguros haciéndolo, mientras que el pueblo lo apruebe.

¿Ves, amigo mío, dónde está la fuerza de la cuestión? ¿Acaso aparece como si tus líderes laborales desearan que tú te aproximaras a las cosas, que entendieras que eres un esclavo asalariado? ¿No sirven ellos realmente a los intereses de los amos?

Los líderes sindicales y los políticos —los más inteligentes— saben de sobra bien qué gran poder podría ejercer el trabajo como el único productor de la riqueza del mundo. Pero ellos no desean que lo sepas. Ellos no desean que tú sepas que los trabajadores, organizados e ilustrados apropiadamente, podrían suprimir su esclavitud y su sometimiento. En lugar de eso te dicen que tu sindicato existe tan sólo para ayudarte a conseguir mejores salarios, aunque ellos son conscientes de que tú no mejorarás mucho tu condición dentro del capitalismo y que tú tienes que permanecer siempre un esclavo asalariado, sea cual fuere la paga que pueda darte el patrón. Tú sabes bien que incluso cuando tienes éxito, por medio de una huelga, y consigues un aumento, lo pierdes de nuevo con el coste creciente de la vida, sin hablar de los salarios que pierdes mientras que estás en huelga.

La estadística muestra que la mayoría de las huelgas importantes se han perdido. Pero supongamos que tú ganas tu huelga y que estuviste sin trabajar sólo unas pocas semanas. En ese tiempo has perdido más en salario que lo que puedes recuperar trabajando durante meses con una paga superior.

Examina un ejemplo sencillo. Supón que estabas ganando 40 dólares a la semana cuando te pusiste en huelga. Concedamos el resultado mejor posible: digamos que la huelga duró solamente tres semanas y que conseguiste un aumento de 5 dólares. Durante tu huelga de tres semanas perdiste 120 dólares en salario. Ahora consigues 5 dólares a la semana más y esto supondrá 24 semanas para recuperar de nuevo los 120 dólares perdidos. Así, después de trabajar durante seis meses con una paga superior te encontrarás al mismo nivel. ¿Pero qué ocurrirá con el incremento del costo de la vida mientras tanto? Porque no sólo eres un productor, también eres un consumidor. Y cuando vas a comprar cosas, encontrarás que son más caras que antes. Salarios más altos suponen un incremento del coste de la vida. Porque lo que el empresario pierde pagándote un salario mayor, lo recupera de nuevo elevando el precio de su producto.

Puedes ver entonces que toda la idea de salarios superiores es en realidad muy engañosa. Hace creer al trabajador que se encuentra actualmente mejor cuando consigue más paga, pero el hecho es que, por lo que refiere a la totalidad de la clase trabajadora, todo lo que el trabajador gana mediante salarios superiores, lo pierde como consumidor y a la larga la situación permanece la misma. Al final de un año de «salarios superiores», el trabajador no tiene más que después de un año de «salarios inferiores». Algunas veces incluso se encuentra peor, porque el costo de la vida se incrementa con mayor rapidez que los salarios.

Esa es la regla general. Por supuesto, existen factores particulares que afectan a los salarios lo mismo que al costo de la vida, tales como la escasez de materiales o de mano de obra. Pero no necesitamos entrar en situaciones especiales, en casos de crisis industrial o financiera, o en épocas de prosperidad desacostumbrada, lo que nos interesa es la situación regular, la condición normal del obrero. Y la condición normal es que siempre permanece un obrero, un esclavo asalariado, que gana justo lo suficiente como para permitirle vivir y continuar trabajando para su patrón. Encontrarás excepciones acá y allá, como un trabajador que hereda o que de otro modo consigue algún dinero, lo que le capacita para hacer negocios, o que inventa algo que puede aportarle riqueza. Pero esos casos son excepciones y no alteran tu condición; es decir, la condición del trabajador medio, de los millones de trabajadores en todo el mundo.

Por lo que respecta a esos millones, y por lo que a ti respecta, como a uno de ellos, tú permaneces un esclavo asalariado, sea cual fuere tu trabajo o tu paga, y no hay posibilidad alguna para ti de que seas ninguna otra cosa bajo el sistema capitalista.

Ahora podrías preguntarme justamente: «¿Cuál es la utilidad del sindicato? ¿Qué están haciendo los líderes sindicales sobre ello?»

La verdad es que tus líderes sindicales no hacen nada sobre ello. Al contrario, hacen todo lo que pueden para mantenerte un esclavo asalariado. Realizan esto al hacerte creer que el capitalismo es correcto y al conseguir que tú sostengas el sistema existente con su gobierno y su «ley y orden». Se burlan de ti diciéndote que no puede ser de otro modo, lo mismo que te dicen tu patrón, la escuela, la Iglesia y el gobierno. De hecho, tu líder laboral está haciendo el mismo trabajo en favor del capitalismo que está haciendo tu líder político para el gobierno: ambos sostienen y consiguen que tú sostengas el presente sistema de justicia y de explotación.

«Pero el sindicato», dices, «¿por qué el sindicato no cambia las cosas?»

El sindicato podría cambiar las cosas. ¿Pero qué es el sindicato? El sindicato eres precisamente tú y el otro compañero y otros más, los miembros y los funcionarios. Te das cuenta ahora que los funcionarios, los líderes laborales, no están interesados en cambiar las cosas. Entonces corresponde a los miembros el hacerlo, ¿no es así?

Es así. Pero si los miembros, los trabajadores en general, no ven de qué se trata, entonces el sindicato no puede hacer nada. Esto significa, por consiguiente, que es necesario hacer que los miembros comprendan la situación real.

Este debería ser el verdadero objetivo del sindicato. Debería ser la ocupación del sindicato el iluminar a sus miembros sobre su condición, mostrarles por qué y cómo son despojados y explotados, y encontrar las vías y los medios de suprimir esto.

Esto estaría cumpliendo el verdadero objetivo del Sindicato de proteger los intereses de los trabajadores. La abolición del orden capitalista con su gobierno y su ley sería la única defensa real de los intereses de los trabajadores. Y mientras que el sindicato se está preparando para eso, también se ocuparía de las necesidades inmediatas de los trabajadores, la mejora de las condiciones presentes, en cuanto esto es posible dentro del capitalismo.

Pero el sindicato ordinario, conservador, tal como hemos visto, sostiene el capitalismo y todo lo que está conectado con él. Considera evidente que eres un trabajador y que tienes que seguir siéndolo, y que las cosas deben permanecer como son. Asegura que todo lo que puede hacer el sindicato es ayudarte a conseguir mejores salarios, disminuir la jornada de trabajo y mejorar las condiciones en las que trabajad. Considera al empresario como un socio de negocio, por así decir, y hace contratos con él. Pero nunca se pregunta por qué uno de los socios, el patrón, se hace rico a costa de ese tipo de contrato, mientras que el otro socio, el obrero, permanece siempre pobre, trabaja duramente y muere siendo un esclavo asalariado. No parece que es una sociedad igual, en modo alguno. Más bien parece un abuso de confianza, ¿no es así?

Bien, así es. Es un juego en el que una parte saca todas las castañas del fuego, mientras que la otra parte se apodera de ellas. Una sociedad muy desigual, y todas las huelgas de los trabajadores son meramente para robarle o forzarle al socio capitalista a que entregue unas pocas castañas de su enorme montón. En conjunto, un timo, incluso cuando el trabajador consigue sacar unas pocas castañas extra.

Sin embargo, ellos te hablan de tu dignidad, de la «dignidad del trabajo». ¿Puedes pensar un insulto más grande? Tú trabajas como un esclavo para tus amos durante toda tu vida, les sirves y los mantienes con comodidad y lujo, les permites ser tus dueños, y en sus corazones ellos se ríen de ti y te desprecian por tu estupidez, entonces ellos te hablan de tu «dignidad».

Desde el púlpito y el estrado, en la escuela y en la sala de lectura, incluso el líder laboral y el político, cada explotador y chanchullero exalta la «dignidad del trabajo», mientras que él mismo se sienta confortablemente todo el tiempo a tu espalda. ¿No ves cómo están jugando contigo como con un bobo?

¿Qué está haciendo el sindicato sobre ello? ¿Qué están haciendo tus líderes laborales por el buen salario que ellos te hacen pagarles? Ellos están ocupados «organizándote», están ocupados diciéndote lo bueno que eres, lo grande y fuerte que es tu sindicato, y lo mucho que están haciendo por tus funcionarios. ¿Pero qué están haciendo? Tienen todo el tiempo ocupado con insignificantes asuntos burocráticos, con luchas de facciones, con cuestiones de jurisdicción, con elecciones de funcionarios, con conferencias y congresos. Y tú pagas por todo eso, por supuesto, y ésa es la razón por la que tus funcionarios están siempre en favor de un gran tesoro sindical, pero ¿qué has conseguido de eso? Tú sigues trabajando en la fábrica o en la industria y pagando tus deudas, y tú líder laboral se preocupa divinamente poco de lo duro que trabajas o de cómo vives, y tú tienes que levantar un gran alboroto en la asamblea de tu sindicato para obligar a que dirijan la atención a tus necesidades y a tus quejas.

Cuando se afronta la cuestión de una huelga, notarás, como te lo he mencionado antes, que los líderes por lo general se oponen a ella; pues también ellos, como el patrón y el gobernante, desean la «paz y tranquilidad» en lugar de las incomodidades que supone una lucha. Siempre que puedan, los líderes laborales te disuadirán de ir a la huelga, y algunas veces incluso de modo directo te prevendrán contra ello y te lo prohibirán. Ellos pondrán fuera de la ley tu organización si te pones en huelga sin el consentimiento de ellos. Pero si la presión es demasiada para que ellos puedan resistirla, ellos «autorizarán» graciosamente la huelga. Imagínatelo exactamente: tú trabajas duro y de tus escasas ganancias sostienes a los funcionarios sindicales, que deberían servirte, y sin embargo tú tienes que conseguir el permiso de ellos para mejorar tu condición. Esto se debe a que los has convertido en los patronos de tu organización, del mismo modo que has hecho al gobierno tu amo en lugar de tu servidor, o del mismo modo que permites que el policía, al que tú pagas con tus impuestos, te ordene, en lugar de darle tú órdenes a él.

¿Te preguntaste alguna vez cómo es que ocurre que, siempre que estás de huelga (y en cualquier otro momento también), la ley y toda la maquinaria del gobierno está siempre del lado del patrón? Fíjate, los huelguistas cuentan con millares mientras que el patrón es uno solo, y se supone que ellos y él son ciudadanos con iguales derechos; y sin embargo, aunque parezca extraño decirlo, es el patrón el que siempre tiene el gobierno a su servicio. Puede conseguir que los tribunales den un mandato contra tu «interferencia» en «su» negocio, puede hacer que la policía te aporree la línea de piquetes, puede conseguir que te arresten y te encarcelen. ¿Oíste alguna ves que algún alcalde, jefe de policía o gobernador ordenase a la policía o a la milicia que protegiesen tus intereses en la huelga? ¿No es curioso? Además, el patrón puede conseguir una cantidad de esquiroles, bajo la protección de la policía, para que le ayuden a romper la huelga, porque tú has estado trabajando tantas horas que siempre hay un ejército de parados a mano dispuesto a coger tu puesto. Por lo general, tú pierdes tu huelga porque tus líderes laborales no permitieron que te organizasen del modo correcto.

He visto, por ejemplo, albañiles en rascacielos de Nueva York hacer un paro, mientras que los carpinteros y herreros, que trabajaban en lo mismo, seguían con su trabajo. Según decían sus sindicatos, la huelga no les concernía, porque ellos pertenecían a otro oficio; o ellos no podían unirse a los huelguistas porque esto supondría romper el contrato que sus organizaciones habían hecho con el patrón. De este modo, ellos seguían trabajando en el edificio, mientras que los hombres de un sindicato hermano estaban en huelga. Es decir, ellos estaban actuando de esquiroles de modo efectivo y ayudando a romper la huelga de los albañiles. Porque, en verdad, ellos pertenecían a otro oficio, a una rama diferente. ¡Cómo si la lucha del trabajo contra el capital fuera un asunto de oficio y no la causa común de toda la clase obrera!

Otro ejemplo: los mineros de Pensilvania están en huelga, y los mineros de Virginia pagan un impuesto para ayudar a los mineros sin dinero. Los mineros de Virginia permanecen en el trabajo porque están «obligados por el contrato». Ellos prosiguen extrayendo carbón con lo que los magnates del carbón pueden seguir suministrando al mercado y no pierden nada con la huelga de los mineros de Pensilvania. Algunas veces incluso ganan al hacer de la huelga una excusa para elevar el precio del carbón. ¿Te puedes extrañar de que los mineros de Pensilvania perdieran la huelga, ya que sus propios compañeros mineros actuaban de esquiroles con ellos? Pero si los trabajadores comprendieran sus verdaderos intereses, si ellos estuvieran organizados no por oficios o por profesiones, sino por industrias, de modo que la industria entera, y si fuera necesario toda clase trabajadora, pudiera ir a la huelga como un solo hombre, ¿se podía perder alguna huelga?

Volveremos sobre este asunto. Por ahora deseo hacerte notar que tu sindicato, tal como está organizado actualmente, y sus funcionarios sindicales, no están estructurados para luchar efectivamente contra el capitalismo. No están estructurados siquiera para dirigir con éxito las huelgas. Materialmente no pueden mejorar tu condición.

Sirven tan sólo para mantener a los trabajadores divididos en diferentes organizaciones, con frecuencia opuestas unas a otras; ellos entrenan a los trabajadores para creer que el capitalismo es correcto, paralizan su iniciativa y capacidad de pensar y de actuar de una forma con conciencia de clase. Por esta razón los líderes laborales y los sindicatos conservadores son el baluarte más firme de las instituciones existentes. Son la espina dorsal del capitalismo y del gobierno, el mejor apoyo a «la ley y el orden», y la razón por la que permaneces en la esclavitud asalariada.

«Pero nosotros mismos escogemos nuestros funcionarios sindicales», objetas. «Si los actuales no son buenos, podemos elegir otros».

Por supuesto, puedes elegir nuevos líderes; pero ¿hay alguna diferencia si tu líder es este o aquel hombre, si es Gompers o Green, Jouhaux en Francia, o Thomas en Inglaterra, mientras que tu sindicato se aferre a las mismas ideas necias y a los mismos métodos falsos, mientras que crea en el capitalismo y sostenga la «armonía de intereses», mientras que divida a los trabajadores y reduzca la fuerza de ellos mediante la organización por oficios, mientras que haga contratos con el patrono que obliguen a los miembros y los haga hacer de esquiroles con sus compañeros, y mientras sostenga de muchas otras maneras el régimen de tu esclavitud?

«¿Entonces no es bueno el sindicato?», preguntas.

En la unión está la fuerza, pero tiene que ser una unión real, una verdadera organización del trabajo, porque los trabajadores en cualquier parte tienen los mismos intereses, sin importar qué clase de trabajo hacen o a que oficio en particular pertenecen. Una unión así estaría basada en los intereses mutuos y en la solidaridad del trabajo en todo el mundo.

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https://laanarquia.wordpress.com/2015/06/14/la-anarquia/

De lo que ocurre cuando no se tiene pajolera idea.

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“anarco” capitalismo no existe, el capitalismo no es “anarquismo”, el capitalismo tieme principio de autoridad : patrón, jefe….. , el capitalimo roba y explota a los trabjadores y trabajadoras por un salario, el capitalimo es esclavitud…

Ademas el capitalismo defiende al Estado como defiende: a la policia, a los militares, carceleros…

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De un tiempo a ésta parte se ven, principalmente por internet, una serie de símbolos asociados al comunismo libertario producto de la ignorancia de algunos militantes, tales símbolos combinan la A circulada propia del movimiento anarquista con la hoz y el martillo del bolchevismo, lo cual solo puede proceder del desconocimiento tanto del comunismo libertario, como del marxismo.
Un muestrario de los símbolos:

Éstos símbolos no corresponden al comunismo libertario (o anarcocomunismo), veamos por qué.
1-El Comunismo Libertario tiene como padre al poco conocido anarquista italiano Carlo Cafiero (1846-1892). En su obra Anarquía y Comunismo, escrita en 1880, realiza una revisión al colectivismo de Bakunin, alegando que la teoría del valor-trabajo (Se obtiene de la sociedad la parte proporcional a lo que se ha producido, con lo cual, los medios de producción son colectivos, pero lo producido es individual) produciría una sociedad desigual, con distinciones de clase (Entre habilidosos y torpes), algo indeseable para el anarquismo. Más tarde Piotr Kropotkin (1842-1921) conoció a Cafierto y maduró sus ideas. Publicando en 1892 La conquista del pan, obra clave que definiría el comunismo libertario, mostrando una sociedad basada en el principio de Necesidad (Lo producido se distribuye según la necesidad, siendo pues comunales tanto los medios de producción como los propios productos, con lo que se logra una sociedad totalmente igualitaria). El comunismo libertario se opone a la dictadura del proletariado propia del Marxismo como punto para llegar a la sociedad igualitaria, al igual que el resto del movimiento anarquista.

Es pues el comunismo libertario una rama del anarquismo, producto del pensamiento de anarquistas, y no una síntesis con la teoría marxista. De hecho, no incorpora nada de la teoría marxista, ya que ésta defiende el valor-trabajo y la existencia del dinero en las primeras fases del socialismo, algo que no es compartido con los comunistas libertarios.

2-El símbolo de la A circulada no fue utilizada por el movimiento anarquista hasta finales de la década de 1960. El símbolo de la hoz y el martillo empezó a ser utilizado por los bolcheviques (marxistas) rusos en 1917, simbolizando que la revolución unía a campesinos y obreros. Ambos símbolos son pues muy posteriores al nacimiento del comunismo libertario. Los símbolos que encontramos más arriba son producto de gente que, desconociendo los orígenes del comunismo libertario, pensando que se trataba de la síntesis de anarquismo y marxismo, han decidido crear un símbolo que representa una idea errónea.

3-El nombre de comunismo libertario no proviene de la síntesis, sino de la oposición, siendo denominado a menudo el marxismo por los anarquistas como “Comunismo Autoritario”.

4-Tampoco es la síntesis de comunismo y anarquismo la teoría conocida como Maxismo Libertario, ya que ésta teoría defiende la dictadura del proletariado, eso sí, dando menos importancia al partido y más a colectivos y consejos obreros, formando estructuras más libertarias(pero no antitautoritarias, como en el caso del anarquismo). Es por tanto el marxismo libertario una rama del marxismo que tampoco tiene nada que ver con el anarquismo.

De todo ésto se deduce que los símbolos antes visto son frutos del error y la ignorancia en cuanto a la teoría que se dice defender, o al menos, en cuanto al conocimiento sobre la historia de dicha teoría. Hay que evitar sacar las cosas de tiesto de ésta manera.

El Comunismo Libertario no tiene símbolos propios, si bien suele utilizar los símbolos clásicos del anarquismo (La bandera negra, la A circulada, la estrella negra), o del anarcosindicalismo (La iconografía rojinegra).

Noam Chomsky no es anarquista.

Noam Chomsky defiende a los Estatos y el capitalismo.

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Anarquista Errico Malatesta

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“Hay anarquistas que prevén y preconizan otras soluciones, otras formas futuras de organización social; sin embargo, ellos quieren, como nosotros, destruir el poder político y la propiedad individual: quieren, como nosotros, que la organización de las funciones sociales se haga espontáneamente, sin delegación de poder y sin gobiernos; como nosotros, quieren combatir a todo trance y sin tregua hasta la completa victoria; ellos son compañeros y hermanos nuestros. Aparte, pues, todo exclusivismo de escuela; entendámonos más bien sobre el camino y sobre los medios, y adelante.”

“Nosotros, por el contrario, no pretendemos poseer la verdad absoluta, creemos más bien en la verdad social; la mejor forma de convivencia social no es algo fijo, válido para todos los tiempos y para todos los lugares, algo que pueda determinarse con anticipación, sino algo que, una vez asegurada la libertad, se va descubriendo y llevando gradualmente a la practica con los menores roces y la menor violencia posibles. Por eso nuestras soluciones dejan siempre la puerta a varias soluciones y, a poder ser, mejores.”

El Asesinato de las Ideologías

El Asesinato de las Ideologías

La palabra “ideología” genera en nuestra sociedad una gran variedad de opiniones, tanto entre personas de ambientes distintos como entre individuos de estratos sociales similares, hasta el punto de producir discrepancias incluso entre personas que comparten organización. Algunos tienen muy clara su presencia en la sociedad, otros las creen en vías de extinción y puede decirse que la opinión de la mayoría coincide con los medios de comunicación de masas en considerar las ideologías como un vestigio del pasado, inexistente en la sociedad actual. Para nosotros es necesaria una reflexión sobre ese término, su significado (o significados) y sus implicaciones actuales, tanto para la sociedad en su conjunto como para los diferentes movimientos sociales que alberga. Esperamos que este breve artículo sirva para animar a la reflexión crítica sobre el tema.

Juventudes Anarquistas de León (FIJA)

El asesinato de las Ideologías

La caída del muro de Berlín supuso un punto de inflexión de la doctrina que pronosticaba la muerte de las ideologías. A pesar de que Daniel Bell (El fin de la ideología, 1960) enunció ya esta doctrina, ésta parecía tener poco sentido mientras pervivían dos grandes bloques, el comunista y el capitalista, que eran enfocados como dos concepciones diferentes de la sociedad pese a que realmente sólo suponían dos formas diferentes de organizar la economía bajo una misma perspectiva ideológica, el autoritarismo. Fue, sin embargo, la doctrina pulida por Fukuyama (El fin de la historia y el último hombre, 1992) la que obtuvo una importante eclosión mediática, gracias a la desaparición del bloque soviético.

De esta forma, y dado que en esta “muerte de las ideologías” se entendían estas como la oposición dialéctica entre el bloque liberal y el soviético, materializada en la denominada “guerra fría”, la muerte de las ideologías sería en realidad la hegemonía de la ideología liberal. Podemos encontrar la misma interpretación de las ideologías en las versiones “oficiales” de la guerra civil, versiones que nosotros no compartimos.

La ideología no muere, se somete

—>La ideología tal cual, sin connotaciones de ningún tipo, es el conjunto de ideas acerca de los asuntos que afectan a la sociedad: ya sean económicos, culturales, políticos, sociales… Y por ello consideramos falso que la ideología sea algo que puede estar separado de la vida social y por lo mismo, entendemos que mientras haya sociedad, habrá ideología. Nosotros no compartimos, por tanto, esa visión de la ideología como algo cerrado, como un sinónimo de doctrina, o como algo a combatir por el Anarquismo, pues el Anarquismo es un conjunto de ideas de cómo ha de organizarse una sociedad.

El tan manido discurso oficial o único de que las ideologías han muerto deviene precisamente de una ideología, la liberal o demócrata, dominante, y sólo puede entenderse como un discurso totalizador y unificador. No es cierto que las ideologías hayan muerto, sino que una existe por encima de las demás, y no sólo en cuanto a ocultar a otras ideologías con su predominancia, sino también permeabilizando en estas y creando un pensamiento único a través de su destrucción.

El auto-sometimiento de los movimientos ciudadanistas

Un ejemplo reciente y, desde nuestro punto de vista, muy esclarecedor de lo que estamos exponiendo aquí es el movimiento que recientemente se ha visto impulsado en diversos puntos del Estado español por parte de “ciudadanos”.

Desde un principio, la propia autointitulación de movimiento “ciudadano” asume el discurso interclasista defendido por los partidos políticos dominantes. No en vano, el Partido Socialista ya especificaba en las resoluciones de su último Congreso (XXVII) que “la izquierda debe transformar su visión de la empresa y superar su antagonismo ideológico o su desprecio histórico por ella, para articular una nueva dialéctica entre empresa, sociedad y poder político que transforme a las empresas en agentes activos de una sociedad justa”, considerando que “una ciudadanía plena es la condición indispensable de una sociedad cohesionada”.

Sin embargo, la realidad social, aunque diferente en muchos aspecto, no ha variado lo más mínimo en cuanto a su composición estratificada en los últimos siglos. La llamada “clase media” no deja de ser un mero invento de los ideólogos del “Estado del bienestar”, que no tiene ninguna realidad fuera de la propia ilusión de los trabajadores desclasados con más recursos. Nosotros no defendemos, ni consideramos válido desde un punto de vista sociológico, el análisis de la sociedad de clases partiendo del nivel adquisitivo.

Del mismo modo, se han asumido discursos propios de la legitimidad estatal. La propia concepción del movimiento como no violento asume, en nuestra opinión, el concepto de violencia utilizado por el Poder. Dentro de esta concepción, se encuentra indisoluble la aceptación del monopolio de la violencia por parte del Estado. Violencia es, de este modo, toda actividad que atente contra el Orden actual impuesto, impidiendo el normal desarrollo de las actividades cotidianas del conjunto de “ciudadanos” ya sea actuando contra individuos u objetos, sin la correspondiente autorización de quien legalmente corresponda. El concepto de violencia manejado es algo totalmente subjetivo y contemporáneo a una realidad concreta. Por ejemplo, no es violento sentarse en una plaza sin interrumpir el tránsito de las personas, pero sí lo es sentarse en una avenida concurrida por personas y vehículos; o no es violento tirar rosas de papel al aire, pero sí lo es tirar piedras contra la cristalera de un banco; todos ellos objetos inanimados (como la barra de carbono).

Esta concepción de violencia asume el papel de inferioridad que el individuo juega en las sociedad jerarquizadas. En nuestra opinión, violencia es todo acto que, a través de cualquier medio, sea físico o psíquico, busca el sometimiento del individuo a una serie de intereses ajenos a él. De este modo, nosotros no podemos entender como violento ningún acto que partiendo de un individuo sometido se ejerce contra el sujeto o idea bajo la cual está sometido. Si bien tampoco somos defensores de aquello de que “el fin justifica los medios” y tampoco estamos de acuerdo en eso de que todo lo que sea hacer vale. En cualquier caso, los continuos llamamientos a la resistencia pacífica, aún con policías cargando agresivamente, nos parecen, en ciertas circunstancias, no sólo un error estratégico sino además una verdadera proclama a la estupidez humana.

Sabemos que la “opinión pública” desprestigiará cualquier movimiento que sea calificado o considerado mediáticamente como violento. Pero no es nuestra intención hacer lo que la “opinión pública” considere como acertado o idóneo, tampoco decirles lo que quieren oír. No se trata de variar nuestras estrategias para alcanzar, con un discurso mediatizado y desideologizado, a grandes masas, sino reafirmarnos en nuestros métodos y principios para continuar llegando a nuestro alrededor por nuestros propios medios de una forma realmente influyente y sincera.

También, se ha asumido el papel de los medios de comunicación de masas como interlocutores válidos, e imprescindibles, del movimiento. Esta aceptación conlleva a la necesaria consecuencia de que una vez que se deja de tener presencia en los medios de comunicación, el movimiento pierde fuerza por carecer de un método propio de divulgación o por no haberle dado la importancia necesaria. A este respecto tenemos que aclarar, respecto a algunos comunicados que han salido recientemente desde Grupos de Madrid cercanos al Movimiento Libertario o pertenecientes a él, que nosotros no damos por buenas las excepciones. Ni consideramos como justificables acciones puntuales. Precisamente es en la cotidaneidad de las cosas, en los pequeños conflictos donde empiezan los grandes cambios. Las situaciones de gran “calado”, por excepcionales, no suponen grandes cambios en nuestra realidad cotidiana.

La ideología liberal y el Movimiento Libertario

Lamentablemente, desde nuestro punto de vista, el Movimiento Libertario también está sufriendo esta permeabilización o sometimiento interno de la ideología liberal, y creemos que hay unos ejemplos bastante ilustrativos.

– Los mass media como centro de nuestra acción: Desde hace unos años, se está dando una importancia excesivamente relevante a los medios de comunicación oficiales o, como eran referidos en la literatura clásica, burgueses (es decir, opuestos a los medios de comunicación de la clase trabajadora, es decir, propios). Ya no sólo la creencia de que se debe trabajar con ellos, sino la elaboración de verdaderos manuales de edición de prensa para imitar y aceptar no sólo como propios, sino como válidos, los cánones y modelos oficiales. No importa entonces lo que se hace en sí, sino la repercusión que puede llegar a tener. Ya no interesa lo ideológico, sólo lo que resulta atractivo: mucha gente y pocas letras, como en los mejores conciertos de dance. No hay que decirle a la gente lo que pensamos, sino lo que quieren oír.

– El dinamismo como motor: Importa el resultado, y no el proceso para llegar a él como parte inseparable de éste; el fin no sólo justifica los medios, sino que lo justifica todo. Ya no existe el consenso, sólo la mayoría, porque aquel es un obstáculo para el dinamismo. Interesa dibujar la unanimidad como algo imposible, como un ideal inalcanzable; como algo que no favorece lo que interesa: el aquí y el ahora. La agenda nos la marca la comunicación; la era de la tecnología requiere de mucha presencia para estar en portada. No hace falta ni ser ni estar, sólo constar.

– La cantidad es lo importante: La acción pasa a un segundo lado como elemento exponente de la capacidad de clase. El número es lo importante, como bien dictamina la democracia representativa. Parece que ya no basta con ser pocos y hacer mucho, sino ser muchos y hacer ruido. La diferencia está marcada por el ser diferente, como marca de calidad, no por el hacer las cosas de otro modo en base a esa forma de ser; el color y la apariencia se convierte de este modo en la única seña de identidad; pues, al parecer, la “extravagancia” y el dar la nota no están a la orden del día y no son por tanto buenos métodos de crecimiento exponencial e indiscriminado. Nosotros, sin embargo, siempre hemos sido férreos defensores de la calidad frente a la cantidad; es por eso que defendemos siempre un crecimiento cualitativo.

– El glamour, nuevo exponente de nuestra esencia: La estética parecer pasar cada vez a un plano más importante. Si las modas de los 60 y los 70 pretendían destruir la sociedad del consumo a través de modas, como fue el caso del punk, es decir, a través de consumo estético o, a lo sumo “crítico”, no hemos sabido hacer frente a ese error conceptual ni apartarnos de él. Sólo darle la vuelta. Si la estética de la oposición nunca fue un temor para los mercados, mucho menos lo será la estética de la aceptación. Ese ansia por parecer buenos por ir de corbata o por salir publicados por editoriales de papel blanco en librerías céntricas de grandes capitales no tiene ningún sentido fuera de los estrictos designios del mercado. También hay que decir que, desde nuestro punto de vista, los intentos por convertir ciertos temas en best-seller son más un tropiezo en el mundo del márketing que una estrategia de crecimiento. Pero allá cada uno con sus ilusiones. Ciertamente, creemos, que nuestra ideología no gana en aceptación por venir con cierta recomendación de los que son nuestros enemigos de clase, más bien lo único que hace es perder credibilidad.

No estamos por la labor de variar nuestras formas de comunicarnos; no consideramos un avance el adaptar nuestra forma de hablar o de escribir a las pautas marcadas por los académicos del Sistema. No consideramos positivo el que se dé potestad a ciertos “profesionaluchos” para mediar en nuestra forma de comunicarnos, avocándonos de este modo a sus designios y a la moda de turno.

El futuro del Movimiento Libertario

Desde nuestro punto de vista la única posibilidad que tiene el Movimiento Libertario es su propia reafirmación. Seguir siendo lo que siempre ha sido sin ningún temor ni prisa, avanzar en la elaboración de nuestra propia ideología sin perder un ápice de nuestra esencia. Para alcanzar este camino solo existe la posibilidad de continuar trabajando con convicción y constancia en nuestro ámbito más cercano. Los cambios inmediatos a gran escala, vinculados siempre a ciertas cuotas de centralismo, suelen ser efímeros, inadecuados y, en general, están destinados al fracaso. Ser más de lo mismo no nos ayuda en absoluto.

Juventudes Anarquistas de León (FIJA)

Contra el Racismo y Toda Autoridad

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Contra el Racismo y Toda Autoridad.

La lucha por la igualdad social entre personas de distinto aspecto físico en base a su color de piel o por distintos comportamientos culturales se plantea actualmente desde distintas ópticas. Desde el ciudadanismo, que entiende que, como ciudadanes iguales ante la ley que debemos ser, el racismo debe ser perseguido por ésta, hasta posturas más radicales, es decir, que buscan destruir la raíz del problema y no, no tenemos ningún miedo en reivindicarnos como parte de esta última.

El racismo, a día de hoy, surge como consecuencia del conflicto social que comienza a extenderse en la Edad Moderna con la aparición en la historia de un primer capitalismo de carácter mercantil y financiero, pero que no da lugar al actual racismo hasta que no llegamos a su nueva etapa histórica, el capitalismo global e imperialista. El racismo es el sentimiento de superioridad frente a aquelles que, por sus caracteres genéticos externos, son considerades distintes; pero existe otro sentimiento, menos terrible pero igualmente despreciable, que es la xenofobia, es decir, el miedo, el rechazo hacia aquelles que han desarrollado formas culturales distintas de las nuestras y que, por motivos generalmente económicos, de pobreza, se ven forzades a migrar hacia países de aparente mayor “riqueza social” (es decir, donde les riques son más riques que en otros países).

La xenofobia que vemos hoy día en nuestra sociedad es fruto de un sistema competitivo, como es el capitalismo, que nos empuja a les trabajadores a competir por los puestos de trabajo que cada vez destruyen más les empresaries, propietaries de los medios de producción y distribución, les mismes que aprovechan la situación de desesperación de estas personas migrantes para una más fácil explotación laboral.

Vemos, pues, que la xenofobia es un sentimiento fácilmente aprovechable por esta clase empresarial, auténtica culpable de nuestros problemas como clase trabajadora, para enfrentarnos entre nosotres y no con nuestres verdaderes enemigues y tampoco tenemos miedo a hablar de confrontación mientras una parte minoritaria de la sociedad pero que, por el contrario, acumula la mayor parte de la riqueza, siga aprovechándose de nosotres.

En este mismo sentido, vemos a los distintos gobiernos, órganos ejecutivos del Estado, incentivando a esta clase empresarial que ya no necesita ocultarnos que nos gobierna (FMI, BM, BCE… son órganos que nos dictan las políticas económicas). Vemos, pues, que el Estado, órgano para la perpetuación de los privilegios sociales de les empresaries, elabora políticas que alientan el racismo y la xenofobia para aumentar la conflictividad interna de nuestra clase.

Vemos también que en esta sociedad legalista, cuando existe un problema, se cree que lo mejor es resolverlo con la ley, con la represión, así es como se justifica que miles de trabajadores, todos los días, sean controlades por los miembros de una de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la PolicíaNacional, por el mero hecho de tener un color distinto de piel o un acento extraño, contrario a lo que dicen sus propias leyes de no discriminación por motivos de raza o procedencia, así es como se justifica que cientes de inmigrantes sean encarcelades en los Centros de Internamiento de Extranjeres, auténticas cárceles para quienes su mayor delito es no haber nacido en la Europade la libertad… de mercado.

Ante todas estas agresiones, entendemos que nos queda nuestra organización como clase, organización indiscriminada de natives o migrantes, con la única motivación de eliminar la desigualdad social, generada por la injusta distribución de la riqueza, la propiedad de los medios de producción y distribución, así como para luchar contra el principio de autoridad que deriva en el delegacionismo imperante en nuestra sociedad, al dejar siempre la resolución de nuestros problemas en manos ajenas, como ocurre con el caso de la xenofobia y el racismo, al dejar su resolución en manos de los mismos gobiernos que posteriormente se demuestran como nuestros agresores. Proponemos, pues, nuestra autoorganización sin líderes, sin vanguardias, una organización anárquica que deje las decisiones a tomar en manos de las bases y no de órganos intermedios o superiores que nos digan lo que hacer, pues nadie debe ser quién para imponernos la justicia o la injusticia social, sobre todo sabiendo que el poder genera vicios entre quienes lo detentan, terminando por cometer esas injusticias sociales que se proponía combatir (y eso cuando, de forma sincera, se ha propuesto combatirlas), es decir, apostamos por el Federalismo anarquista y la Acción Directa, la acción sin intermediaries entre nosotres y les causantes de nuestros problemas. Vemos también la incoherencia de, en cualquier lucha, recibir con las manos abiertas las migajas de aquél a quién pretendemos destruir: el Estado. Por contra, creemos en nuestra autofinanciación y la autogestión de nuestras organizaciones, para mantener la autonomía de nuestras decisiones, al no depender de órganos externos.
Entendemos que la lucha por otras vías en ésta o cualquier otra problemática social, es reproducir los mismos errores y no resolverlos, dejarlos ahí en estado latente, ya que la única forma de destruirlos es destruir el sistema económico y social que los genera: el Capitalismo y el Estado, a través de una auténtica Revolución Social y no solo político-económica o tristes y paulatinas reformas.

¡Contra el racismo, el capitalismo que lo genera y el Estado que lo ampara y ejerce!
Grupo Bandera Negra (F.I.J.L) – 2011
¡Stop Redadas Racistas!

Ningún ser humano es ilegal.

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CNT-AIT

Las mentiras de la integración

https://vimeo.com/8512404

CNT-AIT y  Grupo Tierra FAI IFA

Diferenciar entre “deporte espectáculo y deporte práctica”

Diferenciar entre “deporte espectáculo y deporte práctica”

–> Deporte espectáculo

El primero es un deporte de élite, con un mercado y un negocio respaldándolo y que le dan sentido de ser, su práctica llega a ser en la mayoría de las ocasiones peligrosa para la salud; cualquier deporte de élite lo acaba siendo, porque somete al organismo a esfuerzos extremos durante tiempos prolongados, dependiendo de la carrera del deportista; en el caso del fútbol el esfuerzo no es tan notable como en otras disciplinas pero el riesgo es importante (véanse el gran número de lesiones, por ejemplo que atacaron a la plantilla del FC Barcelona en la etapa del entrenador Rikjaard por una mala práctica en el entrenamiento muscular) y por ello no se puede hablar de actividad saludable, para entendernos a lo largo del artículo haremos mención a éste como deporte espectáculo.

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Sabemos del origen burgués del deporte moderno (dentro del cual se encuentran la mayoría de deportes por equipos; balonmano, baloncesto, fútbol…), que surge como un ocio para una clase explotadora aburrida. Estos deportes suponen la regularización de juegos populares por parte de la clase burguesa; en el caso del fútbol, es la “adaptación de juegos populares medievales como el knappan (Reino Unido) o el solule (Francia) que se solían practicar por campesinos” (E. Dunning). La clase burguesa simplemente se dedicó a tomar esas prácticas para regularizarlas y “civilizarlas” (en muchas ocasiones las prácticas deportivas del campesinado conllevaban heridos graves o incluso muertos), en el caso del fútbol y la mayoría de deportes extendidos (rugby, tennis…) a primeros del siglo XIX

—>Deporte práctica
El segundo es un deporte más extendido, en general en formas jugadas, con importantes beneficios para la salud y la condición física de sus practicantes, y nos referiremos a él como actividad física.
Sabemos también que el deporte nace dentro de una sociedad de clases, estratificada e impregnada de luchas intestinas y por ello aparece como reflejo de esa lucha social. Pero también queremos hacer notar que no existe incoherencia entre el deporte y las ideas anarquistas