Antimilitarismo

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__________________Guerra 
 La Guerra mundial edificó gigantescas fortunas para los señores de la finanza
y tumbas para los trabajadores.

¿Y actualmente? Actualmente nos encontramos de nuevo al borde de una nueva
guerra, mucho más grande y terrible que el último holocausto. Cada gobierno se
está preparando para ella y se está apropiando millones de dólares del sudor y de
la sangre de los trabajadores para la próxima carnicería.

Reflexiona sobre esto, amigo mío, y mira lo que están haciendo el capital y el
gobierno por ti, lo que te están haciendo.

Pronto te llamarán de nuevo para «defender tu patria». En tiempos de paz
haces el trabajo de esclavo en el campo y en la fábrica, durante la guerra sirves
como carne de cañón, y todo ello por la suprema gloria de tus amos.”

__________________Patria

Cuando llega una crisis, en la forma que he descrito, con su paro y sus penalidades,
te dicen que no es la culpa de nadie, que son «malos tiempos», el resultado de
la superproducción y semejantes camelos. Y cuando la competencia capitalista por
las ganancias hace surgir una situación de guerra, los capitalistas y sus lacayos
los políticos y la prensa levantan el grito de «¡Salva a tu patria!» para llenarte con
falso patriotismo y hacer que pelees las batallas de ellos y para ellos.

En nombre del patriotismo te ordenan dejar de ser tú mismo, suspender tu
propio juicio y entregar tu vida, convertirte en una ruedecilla sin voluntad en
una máquina asesina, obedeciendo ciegamente la orden de matar, de saquear y de
destruir, abandonar a tu padre y a tu madre, a tu mujer y a tu hijo, y a todo lo que
amas, y comenzar a matar a tus prójimos que nunca te hicieron daño alguno, los
cuales son exactamente tan desgraciados y tan víctimas engañadas por sus amos
como lo eres tú por los tuyos

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__________Pueblo

El problema es la existencia de un Estado que cuenta con el apoyo y la colaboración de las clases dirigentes de cada pueblo,  que no oprime a pueblos sino a clases. Las personas no son reprimidas en función de que sean,  sino en base a que cuestionen o no las estructuras de poder y el sistema establecido.

_________Tipos de clases de personas

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Clases de gente con intereses enteramente diferentes.
En todas partes encontrarás:

1. Una clase comparativamente pequeña que hace grandes ganancias y que son muy ricos, tales como banqueros, grandes propietarios de fábricas y terratenientes, gente que tiene mucho capital y que por ello se denominan capitalistas. Estos pertenecen a la clase capitalista;

2. Una clase de gente, más o menos acomodada, que consiste en hombres de negocio y sus agentes, hombres de bienes raíces, especuladores y profesionales, tales como doctores, abogados, etc. Esta es la clase media o la burguesía;

3. Grandes cantidades de trabajadores empleados en diversos trabajos, en empresas y minas, en fábricas y talleres, en el transporte y en la tierra. Esta es la clase trabajadora, denominada también el proletariado.

La burguesía y los capitalistas pertenecen realmente a la misma clase capitalista, porque tienen aproximadamente los mismos intereses y, por consiguiente la gente de la burguesía por lo general también se pone al lado de la clase capitalista contra la clase trabajadora.

Encontrarás que la clase trabajadora, en todos los países, es siempre la clase más pobre. Tal vez tú mismo perteneces a los trabajadores, al proletario. En ese caso, sabes que tus salarios nunca te harán rico.

(Resumido- Anarquista Alexander Berkan)

Antimilitarismo: una visión anarquista.

“La educación de los militares, desde el soldado raso hasta las más altas jerarquías,les convierte necesariamente en enemigos de la sociedad civil y el pueblo. Incluso su uniforme, con todos esos adornos ridículos que distinguen los regimientos y los grados, todas esas tonterías infantiles que ocupan buena parte de su existencia y les haría parecer payasos si no estuvieran siempre amenazantes, todo ello les separa de la sociedad. Ese atavío y sus mil ceremonias pueriles, entre las que transcurre la vida sin más objetivo que entrenarse para la matanza y la destrucción, serían humillantes para hombres que no hubieran perdido el sentimiento de la dignidad humana. Morirían de vergüenza si no hubieran llegado, mediante una sistemática perversión de ideas, a hacerlo fuente de vanidad.La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueva libremente. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas.”

(Anarquista Mijail Bakunin)

Antimilitarismo, una visión anarquista

Les anarquistas siempre hemos considerado que el Ejército y el Estado han ido de la mano desde los inicios de la historia. La explotación de las personas por las personas no ha existido siempre, como pretenden hacernos creer en estos momentos. En los principios de la humanidad existían tribus, clanes, que se organizaban de forma que nadie explotaba ni económica ni políticamente a nadie. Es decir, no existían los estados.

A medida que la producción social fue aumentando, ésta alcanzó un punto en el que empezó a haber excedentes: es a partir de este momento cuando determinadas personas son liberadas del trabajo productivo, y también a partir de aquí comenzaron a darse competencias religiosas, militares, judiciales, etc. Los bienes de consumo y los medios de producción, que hasta entonces eran patrimonio colectivo, pasaron a estar en manos de una élite gobernante. Ello constituiría el embrión de los estados.

Desde sus orígenes, el Estado siempre se ha identificado con la organización militar. Inmediatamente se sustituyó lo que el anarquismo denomina «el pueblo en armas», lo que siempre ha defendido como alternativa para la defensa de los pueblos (por ser la forma más idónea de organizar las comunidades en las que no hay clases sociales). El pueblo en armas sólo se servía a sí mismo, por lo que no interesaba a esta élite de gobernantes, que formaron un grupo de personas, a las cuales se les proporcionó armas, destinado a servir únicamente los intereses de esta nueva clase dominante.

Sin embargo, en cierto modo algunes anarquistas desmontan esta teoría, como Cappelletti, quien mantiene que el origen de la existencia del poder y la autoridad fue debido a un problema cultural. Según Cappelletti, cuestiones que en su momento no podían explicarse, como por ejemplo la muerte, dieron lugar a la aparición de chamanes, quienes fueron les que empezaron a tener el control, iniciándose así el desarrollo de estructuras de poder, jerárquicas. Sea como sea, lo que está claro es que Estado y Ejército siempre han ido de la mano.

Paralelamente, el antimilitarismo ha existido siempre, desde que existe el Estado. Podríamos hablar de cuestiones históricas concretas sobre antimilitarismo, como la desobediencia en Grecia, en el Imperio romano, etc., pero me voy a centrar en la etapa final del siglo XIX y el siglo XX; antes quisiera enmarcar cómo se concebía el servicio militar por entonces.

En el siglo XVI comenzaron a desarrollarse las milicias provinciales, lo que se conoce como el «ejército de levas» o el servicio militar obligatorio. Éstas fueron implantadas en Castilla por el cardenal Cisneros, pero no tuvieron mucho éxito; no fue hasta el siglo XVIII cuando definitivamente se implantó el alistamiento popular gratuito y obligatorio. Desde entonces surgieron los primeros prófugos, generándose así una lucha entre lo militar (el Estado) y el pueblo, que consideraba el alistamiento como un ataque a la equidad y a la justicia, que hacía además notables los privilegios clasistas. Hay que recordar que cuando llamaban «a quintas», aunque llamaban por igual a los hijos de ricos y de pobres, los primeros gozaban de ciertos privilegios, como evitar el cumplimiento de la ley mediante la redención o la sustitución. Ellos, al fin y al cabo, tenían dinero para comprar al médico, al funcionario de turno y a quien hiciera falta.

Cuando llamaban a quintas, sólo un determinado número de personas eran destinadas, ya que por entonces se requería un número límite de soldados al año. Si durante el transcurso del año se necesitaban más soldados, éstos eran escogidos de entre aquellas personas que habían quedado excedentes del cupo de reclutamiento. Una vez hecho el sorteo, las listas se hacían públicas en la plaza del pueblo. Mientras los ricos se podían librar, a los pobres sólo les quedaba la opción de convertirse en prófugos (bien exiliarse del país o bien pasar a lo que se denominaba como bandolerismo), amputarse los dedos, inhalar sustancias tóxicas, etcétera.

Hasta 1869, curiosamente justo cuando entra la Internacional en España, las luchas antimilitaristas eran luchas sobre todo individuales. Se criticaba la peligrosidad de incorporarse a filas, los malos tratos, la injusticia de clase, etc. Es a partir de este año cuando la lucha pasa a ser más colectiva y se incrementan de forma gradual las acciones violentas, motines y manifestaciones; todo ello mezclado con proclamas revolucionarias. Se ve claramente que el anarquismo ha entrado en escena y empiezan a radicalizarse las posturas mantenidas hasta entonces. Las críticas a los malos tratos se convierten en peticiones más sociales e ideológicas: abolición de la ley del servicio militar obligatorio y de los ejércitos.

Hay que señalar que las tasas de prófugos por entonces rondaban el 20%. Curiosamente, en 1896 el Gobierno sacó una ley que premiaba a los delatores de prófugos, precisamente, librándolos de entrar en quintas. Los motines anti quintas estaban totalmente generalizados; destacan los que se produjeron entre los años 1869 y 1872, período en el que la prensa escrita de la época recoge más de 90 rebeliones. Donde más arraigó el anarquismo claramente es donde existió más conflictividad. En 1869 se produjeron los sucesos de Jerez, revuelta que finalizó con 30 trabajadors muertes y más de 600 preses; el Ejército tardó 2 días en entrar en la ciudad. Ese mismo año, más de 5.000 mujeres se manifestaron ante el congreso, donde llegaron a interrumpir una sesión. La participación de las mujeres en las luchas era fundamental, ya que se negaban a que sus hijos entrasen a quintas. A lo largo de 1870, en varias ciudades se boicotean los sorteos de reclutamiento y se declaran huelgas generales. En 1872 destacan las insurrecciones de Alcoy, Cartagena y Madrid. Las protestas crecen año tras año.

Casi una década antes, en 1863, la primera república hizo una intensa campaña de llamada a quintas, usando como excusa la guerra carlista. Les republicanes acusaban a les anarquistas de reaccionaries por boicotear el servicio militar. En esos años, la AIT, inmersa en la lucha antimilitarista, propone lo que se conocería después como el pueblo en armas. Éste es el manifiesto:

“No somos carlistas, ni alfonsinos, ni vendidos al oro de la reacción. Somos obreros revolucionarios que no sólo odiamos las tiranías políticas, sino también las económicas. Para combatir a carlistas y alfonsinos y a todos los reaccionarios, todos juntos podemos más que todas las organizaciones en que los hombres van a combatir como manso rebaño de corderos.”

En cuanto al siglo XX, empezamos destacando un manifiesto, un alegato antimilitarista llamado «La contribución de la sangre», publicado en 1901 y escrito por el compañero Fermín Salvoechea, un anarquista, hombre de acción y revolucionario nato que estuvo presente en todas las luchas que se dieron en la provincia de Cádiz.

En 1907 se celebró un congreso anarquista internacional en Ámsterdam de enorme importancia en la historia del anarquismo, ya que se produjo un intenso debate sobre anarquismo y organización, en tiempos en los que el individualismo anarquista estaba muy presente. Paralelamente a éste, se celebró otro congreso antimilitarista internacional donde todas las propuestas aprobadas fueron precisamente las propuestas anarquistas:

  • Lucha contra las instituciones militares
  • Intensificación de la propaganda antimilitarista
  • Coordinación internacional
  • Creación de grupos que busquen la deserción de los soldados

En España, durante la guerra de Marruecos se produjeron rebeliones en 1904, 1905 y 1909. Esta última fue especialmente importante, ya que se evidenció claramente la conexión entre anarquismo, movimiento obrero y antimilitarismo: se conoce como la Semana Trágica. Tuvo lugar en Barcelona y comenzó con un levantamiento contra el embarque de reservistas destinados a la guerra de Marruecos. La protesta antimilitarista fue derivando paulatinamente hacia el anticlericalismo y el antiestatismo. Solidaridad Obrera, preludio de la CNT, proclamó la huelga general en una Barcelona repleta de barricadas. Se quemaron multitud de iglesias y conventos y la represión por parte del Ejército fue brutal: 106 muertos, más de 1.725 procesades militarmente y 17 penas de muerte, de las cuales cinco fueron ejecutadas (entre ellas, la de Ferrer i Guardia).

El estallido de la Primera Guerra Mundial –aunque no tuvo gran relevancia a nivel de acciones antimilitaristas–, sí dio lugar a un debate interno dentro del seno del movimiento anarquista. Surgieron ante la Gran Guerra dos propuestas: una fue la antimilitarista a ultranza (cuyos máximos representantes eran les anarquistas españols, les úniques que no habían cometido el error de alejarse de la organización obrera), que se posicionaba contra los dos bandos, en definitiva, contra la guerra. La otra postura (encabezada por figuras destacadas como Kropotkin) era la de dar apoyo a les aliades al interpretar la guerra como una batalla contra la reacción autoritaria.

Finalizada la I Guerra Mundial, hay que destacar un congreso de obreres de la industria armamentística en Alemania, donde Rudolph Rocker pronunció una conferencia en la que hacía hincapié en la acción directa de la producción: se oponía así a una tendencia que solía darse dentro del movimiento obrero en la sólo se reclamaban incrementos de sueldo, y animaba a luchar por mejoras sociales. Usando como ejemplo dos huelgas solidarias que se dieron en España (la de los albañiles de Barcelona y la de los molineros de Alcoy), Rocker mantuvo que ésa debía ser la línea a seguir. En este mismo congreso fue donde Rocker pronunció una frase que ha pasado a los anales de la historia: «Ni un hombre, ni un arma para el Estado».

Aunque el congreso acabó pronunciándose a favor de Rocker, hubo un gran debate, ya que se le acusó de hacer propuestas propias de la burguesía, pues algunes interpretaron su mensaje como un «abajo las armas». A esto Rocker contestó que lo que en realidad quería decir no era «abajo las armas», sino «abajo los martillos que forjan las armas».

Hay que mencionar también a Albert Libertad, anarquista francés que, además de exponer un interesante alegato antimilitarista a finales del siglo XIX, fue uno de los fundadores en 1902 de la Liga Antimilitarista.

En los sucesivos congresos de las organizaciones anarcosindicalistas o sindicalistas revolucionarias y de las organizaciones anarquistas, se ve claramente la posición antimilitarista. En el congreso de refundación de la AIT de 1922 en Berlín se estableció lo siguiente:

“Luchamos contra los militarismos y consideramos la propaganda antimilitarista como uno de los deberes más importantes en la lucha contra el sistema actual. La línea a seguir es el rechazo individual y el boicot organizado de los trabajadores contra la fabricación de material de guerra.”

Es decir, la forma de presión ante una guerra es la huelga general preventiva y revolucionaria. Respecto a la violencia, el congreso se posiciona contra toda violencia militarista, pero sí reconoce la violencia como medio de defensa contra las clases dominantes.

En 1936, la CNT celebró un importante congreso, tal vez el más importante dentro del movimiento obrero revolucionario, donde se decidió y se ratificó llevar a cabo una lucha por la amnistía de los prófugos del servicio militar obligatorio y fomentar entre les jóvenes la aversión a la guerra, la negación a incorporarse a filas y la creación de comités antimilitaristas coordinados con la AIT. El lema: «Ante la guerra, huelga general».

Ante el levantamiento fascista, el movimiento libertario respondió con lo que siempre había estado defendiendo ante una agresión: el pueblo en armas. Esta demostración ha sido la más relevante dentro del movimiento obrero revolucionario. Muchos de los prófugos que se habían marchado volvieron y tomaron las armas para luchar contra el fascismo y por la revolución social. Sin embargo, con el problema de la militarización de las milicias, muchas de estas mismas personas decidieron volver a marcharse. Los sectores más anarquizados se opusieron de manera contundente a la militarización. Éste fue el caso, por ejemplo, de la Columna de Hierro.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, el movimiento antimilitarista había sido un movimiento fraguado en la lucha obrera y con una fuerte presencia anarquista. Sin embargo, a partir de la II Guerra, este movimiento empezó a tener un cariz más pacifista, interclasista y, por tanto menos revolucionario. De este periodo (desde la II Guerra hasta la actualidad), hay que destacar la guerra de Argelia y Francia en los años sesenta, donde aparecen los primeros objetores de conciencia (en Francia). También habría que mencionar la guerra de Vietnam, en la que muchos soldados decidieron volver sus armas contra sus propios mandos. A raíz de estos sucesos, el capitalismo empezó a comprobar que lo más conveniente para perpetuar sus intereses era un ejército de mercenarios, un ejército profesional.

En los últimos tiempos, el movimiento social que más calado ha tenido es el de la insumisión: en 2009 se han cumplido veinte años desde que se declararon 57 objetores con órdenes de búsqueda y captura. Antes del movimiento de insumisión ya había objeción de conciencia en España. Curiosamente, con el franquismo la practicaban los testigos de Heová (obviamente, por motivos religiosos). Los anarquistas en este periodo decidieron exiliarse mayoritariamente y desde ahí, seguir con la lucha antifranquista.

De los 57 objetores antes mencionados, destacamos a Carlos Inojosa, pionero de lo que se conoció como insumisión total, que las organizaciones del movimiento libertario suscribieron y apoyaron como estrategia más viable. En la exposición internacional anarquista de 1993 celebrada en Barcelona, Inojosa, en situación de búsqueda y captura, envió una carta a una de las mesas de debate en la que decía lo siguiente:

“No podemos aceptar el hecho de estar denunciando el aparato militar y social que nos imponen y al mismo tiempo dejarnos someter a su aparato judicial y ejecutivo, demostrando sumisión y aceptando con resignación que la sociedad democrática es injusta pero asumiendo su justicia y su represión.”

El movimiento libertario desde un primer momento comenzó a defender la estrategia de insumisión total, pues no se concebía el hecho de que uno fuera por su propio pie a ser juzgado y encerrado. Se entendía que la insumisión no buscaba simplemente acabar con el servicio militar obligatorio, sino que había que dar un paso más hacia la desaparición de los ejércitos, del Estado y de cualquier sistemaautoritario. Sin embargo, la ausencia de propuestas revolucionarias además de la libertaria hacía que la mera desobediencia civil no resultase efectiva, y ya en esos momentos se sabía que la lucha conduciría a una profesionalización del Ejército o a cambiar una ley por otra.

Hay que destacar que el movimiento libertario fue de los pocos que, a pesar de dar un apoyo férreo a la insumisión total, no dejó de lado a los insumisos que decidían ir a juicio, haciendo campañas por la libertad de todos los insumisos. Otras organizaciones no hicieron lo mismo con los insumisos totales.

Hasta el año 1992, los insumisos eran juzgados por tribunales militares, pero a partir de entonces pasaron a tribunales civiles. Con esto se pretendía evitar un enfrentamiento directo entre este movimiento y el aparato militar. Sin embargo, no todos los insumisos entraban en cárcel, de hecho en muchos lugares solía haber un solo insumiso encerrado. La conclusión es que no podían mantener a muchos presos porque daban mala imagen. Posteriormente rebajaron la mili (a 9 meses), mientras cada vez menos gente iba al servicio militar, y no se llenaba el cupo. La última medida represiva fue la inhabilitación para cargo público, mediante la cual se inhabilitaba a los insumisos para trabajar como funcionarios e incluso para sacarse el carnet de conducir.

En el periodo de transición entre el servicio militar obligatorio y la profesionalización, hubo compañeros, muchos de CNT, que dieron un paso más y llevaron a cabo lo que se llamó «Insumisión en los cuarteles». Estos compañeros se incorporaban a filas para luego desertar; así trasladaban el problema a los militares, ya que sólo un tribunal militar podía juzgar a los desertores.

Desde un primer momento, el anarquismo criticó la profesionalización y el mero hecho de llevar un mensaje único de «MILI NO», defendiendo siempre mensajes como «EJÉRCITOS NO» o «NI PROFESIONAL NI OBLIGATORIO, EJÉRCITOS NO». Sin embargo, el colchón social que había existido hasta entonces no quiso dar una vuelta de tuerca más y poco a poco se fue desinflando, quedándose el movimiento anarquista muy mermado en apoyos. Todo esto fue debido en gran parte a intereses políticos, ya que cuando el mensaje derivó hacia tintes más revolucionarios se quedaron, como siempre, aquelles que realmente querían transformar la realidad social.

Así pues, se pasó de una sociedad muy crítica con el Ejército a la sociedad actual, en la que se ha lavado la cara a los ejércitos proyectando una imagen casi de hermanitas de la caridad, como si de un cuerpo humanitario se tratara.

El servicio militar obligatorio le resultó muy interesante al Estado por dos cuestiones: su bajo coste (no se pagaba a los soldados) y la inculcación de los valores militares, muy suculentos en todo puesto de trabajo. En realidad la profesionalización era irremediable, lo único que hizo el movimiento de insumisión fue adelantar el proceso. Al fin y al cabo, la profesionalización resultaba muy interesante para conseguir una mayor eficacia militar, y porque las funciones de los ejércitos también habían cambiado. De esta manera se consiguió crear unas fuerzas armadas que defendían sin problemas los intereses transnacionales (a día de hoy los ejércitos están más fuera de las fronteras que dentro de éstas).

El anarquismo jamás ha considerado el antimilitarismo como un «ismo» más, sino que lo entiende como una parte de la lucha integral antiestatal y antiautoritaria. Sin esto el antimilitarismo no tiene ningún sentido, ya que podemos vivir sin ejércitos y estar igual de jodides. Sobre el aparato militar recae todo el monopolio de la violencia del Estado; éste tiene el monopolio de la violencia para defender los intereses de la clase capitalista. El miedo, la amenaza, el uso de la violencia de una forma sistemática, es monopolio del Estado, por lo que no podemos quedarnos de brazos cruzados. Gracias a una masa sumisa, el Estado garantiza que no haya rebeliones. Por ello, respecto al debate sobre la violencia, es absurdo tratar de eliminar la violencia en esta sociedad mientras existan personas que están sometidas a otras personas. Como dijo Malatesta:

“La violencia es justificable sólo cuando es necesaria para defenderse así misme o a les demás. El esclavo, la esclava, están siempre en estado de legítima defensa, por lo tanto su violencia contra el amo, contra el opresor, es siempre moralmente justificable y debe estar sólo regulada por el criterio de utilidad y de economía de esfuerzo y sufrimiento humano.”

Desde el anarquismo consideramos que el militarismo no tiene que ver únicamente con el Ejército, sino que lo militar va más allá. Como anarquistas siempre debemos ir a la raíz de los problemas y por lo tanto creemos que lo militar, aparte de sus instituciones, son los valores que tienen dichas instituciones. La sociedad actual está impregnada de estos valores: la obediencia, la jerarquía, el machismo, el patriotismo, el control social, etc. Los valores militares son menos directos que el Ejército mismo, pero son mucho más eficaces porque de ellos derivan el autoritarismo y la jerarquización, la competitividad que deriva en insolidaridad, el patriarcado, la sumisión, la xenofobia, el racismo, etc. Nosotres como anarquistas proponemos principios diametralmente opuestos: la solidaridad y el apoyo mutuo, la autogestión y el federalismo, la libertad y la igualdad, la justicia social y la vida en armonía con el entorno, etcétera.

Por otro lado, hay que señalar que el Ejército, en el seno del Estado, tiene tres funciones clave: económica, ideológica y política.

Respecto a la primera, nos referimos a los gastos militares, el comercio de armas y la tecnología militar. A día de hoy los gastos militares en los presupuestos generales del Estado rondan entre el 12 y el 20%. Sin embargo, no hay que olvidar que los gastos militares no son sólo los que se derivan al ministerio de Defensa, sino también al de Interior, en I+D+I, etc. Pero esto también sirve para desenmascarar este sistema, y es que en estos momento de crisis, en los que cada vez hay más pobreza, el presupuesto militar no baja. Sí bajan sin embargo los presupuestos destinados a los gastos sociales en cultura, educación, etc. Por lo tanto, para poder respaldar esto, nos venden un Ejército que garantiza nuestra seguridad. Aun así, a todas luces demuestran que lo único que les interesa son sus propios intereses, intereses económicos y de poder.

Sobre el comercio de armas, actualmente las que se utilizan en guerras o en países en conflicto permanente se están fabricando en países del primer mundo, como es el caso de España. Además, apoyar estas zonas en conflicto supone crear áreas de influencia económica. Esto es vital para el capitalismo, que necesita una expansión continua.

Los conflictos bélicos también sirven para experimentar los avances tecnológicos y para vender las armas obsoletas. El comercio de armas sirve para ir descapitalizando los países pobres de manera que éstos vayan adquiriendo una deuda permanente con los países de occidente y así poder tener sobre ellos el control económico y político.

Otra función es la ideológica. Un sistema como el actual no podría subsistir sin valores como la competencia, la jerarquía o el miedo. Para su supervivencia necesita ciertos valores o principios heredados del militarismo, como lo es, por ejemplo, la idea-fuerza de la seguridad. Nos venden una garantía de seguridad sobre les múltiples enemigues que tenemos (el terrorismo vasco, el islam, etc.). Crean enemigos de los cuales elles nos van a defender, ya que no somos capaces de defendernos por nosotres mismes. Pero también existen otros valores como la bandera, la exaltación patriótica o la disciplina, antes adquiridos en el servicio militar obligatorio, pero que ahora se inculcan desde las escuelas, partidos políticos y medios de información de masas.

Otra cuestión sería algo que a los empresarios les viene como anillo al dedo: el «divide y vencerás», que va en aumento en los mismos puestos de trabajo. Con esto se consigue desfogar la rebeldía, peleas internas y que se reproduzcan esquemas autoritarios entre les mismes trabajadors. Se promueve el enchufismo y a les chivates. Y también entraría dentro de este paquete el sistema de premios y castigos que, como el anterior, aparte de ser represivo, es sobre todo preventivo.

El concepto nación, elaborado por ideólogos burgueses, es lo que podríamos llamar ciudadanismo. La población se une por los intereses de la nación dejando al margen los intereses de clase. En definitiva, se trata de evitar el problema de fondo: la lucha de clases. Otra herencia es la rutina, es decir, los horarios. Esto va degenerando en una serie de obligaciones que terminan como la pescadilla que se muerde la cola.

Todas estas funciones ideológicas tienen la única finalidad de inculcar a la población que lo mejor es seguir la corriente del río, no rebelarse y ser una persona sumisa. En definitiva, que no sale rentable tomar conciencia de las injusticias y oponerse a ellas.

Por último, destacamos la función política, que enmascara el verdadero problema que supone hoy en día el Ejército fuera de nuestras fronteras. Nos dicen que van a llevar la democracia y acabar con las tiranías. Pero lo que nunca nos dicen es que en realidad van a salvaguardar los intereses de las potencias occidentales y a defender los intereses geopolíticos y las materias primas.

Entonces, ¿qué podemos hacer contra el militarismo? Se pueden hacer cosas concretas: objeción fiscal a gastos militares, acudir a los centros de enseñanza cuando cuenten con la colaboración de militares, a los desfiles, a los campos de tiro, etc. También se puede luchar por la abolición de las fronteras, algo que desde el anarquismo y el anarcosindicalismo se ha hecho siempre, y luchar por la libre circulación de las personas, ya que consideramos que el concepto de fronteras y Estado van ligados.

Pero todo esto por sí solo no serviría de nada ya que, sin una lucha integral en un movimiento organizado de clase donde primen las ideas antiautoritarias, la lucha antimilitarista no tiene sentido. Es importante aportar otro dato esclarecedor, y es que podemos acabar con los ejércitos y no acabar con la autoridad. El ejemplo lo encontramos en países como Costa Rica, un país que no tiene Ejército pero en el que sin embargo sigue habiendo desigualdades sociales, clases sociales, explotades y explotadors y, en definitiva, los valores que tiene cualquier otro estado.

Para terminar, debemos recordar que el militarismo a través de la historia ha demostrado ser el mayor símbolo de masacre que ha habido contra los pueblos. Por ello acabo con la siguiente frase:

“Les anarquistas no queremos las guerras, pero tampoco queremos la paz de los cementerios”.

Alberto, militante de la CNT.

Tierra Quemada

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En la Anarquía seria el ejército abolido he sustituido por el pueblo en armas, las milicias obreras voluntarias y sin jeraquias. Y las Milicias solamente si hiciera falta por ejemplo para luchar contra el fascismo.

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